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lunes, 6 de julio de 2015

Y ahora para qué.

Bueno, contesté. 
Ha sido uno de esos momentos en que un pequeño clavito ha ido entrando poco a poco entre los resquicios de una cicatriz aparentemente cerrada. Una vez más. Tras un año. Soy así. Y cuando sabes que hubieras metido tu mano en el fuego por una amistad que sin ninguna explicación te ha abandonado, duele. Pero es que, a veces, a las decepciones, hay que darles una oportunidad. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

#Changes.

Los cambios se acercan. 
Marta siempre ha dicho que la vida está llena de cambios. Que sin ellos, jamás progresaríamos. Que vivir de la misma forma siempre, es aburrido. Que a veces hay que renunciar a lo que eres, por lo que puedes llegar a ser. El cambio es la esencia de la vida. Siempre hay que arriesgarse más de los que los demás creen seguro. Cuidarse a una misma más de lo que los otros creen que es razonable. Soñar mucho más de lo que los demás creen que es práctico y esperar infinitamente más de lo que las otras personas creen posible. 

Aún recuerdo como si fuera ayer el primer día que pisé Lloret de Mar. Recuerdo sentir la misma sensación que cuando me lancé al vacío haciendo parapente. Un sinfín de sensaciones y emociones que siempre guardaré en un rinconcito de mi ser. Era algo nuevo y a lo que me enfrentaba sola. Y tenía muchísimas ganas de aprender. Lo que no sabía es que lo haría tan rápido. Y la verdad, estoy muy contenta de ello. Se que tengo mil y una infinidades por aprender pero el primer choque contra la realidad, me lo dió este pueblecito que todos creen lleno de guiris pero que yo lo he hecho muy mío. 

Ahora es el momento de volver a cambiar.  De sentir esa sensación de nervios. De descubrir una nueva experiencia. De cambiar de lugar, de pueblo, de casa y de trabajo. De progresar. De vivir esas cosas que en un momento u otro te dejan sin aliento. Porque en realidad la vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento. Y los cambios, siempre lo hacen. 

[[Cuando me siento bien. - Efecto Pasillo.]]
Sonríe :)

lunes, 19 de agosto de 2013

Hay que dejar que las personas tropiecen. Tropezar nos hace más fuertes.

¿Por qué siempre acabo en el centro de todo?
¿Por qué cuando sabes que haces las cosas bien, te sale el tiro por la culata?
¿Por qué el simple hecho de querer ayudar a los demás parece que es al revés?
Qué pasa, que no se puede permanecer en un lugar neutro, en el centro de todo? ¿Siempre hay que posicionarse de un lado o de otro?  
Que me hagan sentir tonta nunca ha sido de mi agrado y menos cuando lo has dado todo y sigues dándolo. Sabes que no son momentos fáciles y que aquí todo el mundo está muy sensible. Pero por favor, solo pido que no se precipiten en las decisiones tomadas.

Qué puñetera necesidad tenía yo de meterme en estos jaleos. Cómo si no tuviera ya suficiente con los míos propios. Que por qué?, pues porque por los amigos, yo hago infinidad de cosas.
Y sí, por todos. Aunque sepa que han actuado mal. Todos somos capaces y tenemos la oportunidad de equivocarnos. Una, dos, tres o mil veces. Aunque sepa que hay cosas que en un primer momento están perdidas. Siempre, siempre, siempre les daré mi opinión, nunca se la impondré. Siempre dejaré que ellos mismos sean quien tomen sus propias decisiones y no tomarlas yo por ellos. Por muy perdidos que crea que están. 

Ahora espero..., solo espero a que las aguas vuelvan a su cauce, a que quien debe darse cuenta que yo siempre estuve ahí, despierte de una vez y me lo diga. Ya he dado mi primer paso. Ahora toca a los demás.


Y es que... sabéis una cosa? A la gente que realmente nos importa hay que dejarles que tropiecen con todas las piedras que hagan falta. Marta siempre dice que en realidad, tropezar no es malo, solo que hay que intentar no encariñarse con la piedra.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Mi última editorial.


Y aquí dejo mi última editorial del número 39 de la revista de ANEO. 
Desde este momento, empieza la cuenta atrás.
ÁNIMO.
"Ver una luz al final del túnel. La luz que te va a hacer terminar una época y cerrarla definitivamente. Ahí es donde me encuentro en este preciso momento. Con ganas, ilusión y algo de miedo.

A todos, alguna vez se nos ha despertado una pequeña inquietud en lo más profundo de nuestro ser, un nerviosismo extraño que no sabes de dónde procede, una intranquilidad por lo desconocido. Y es que cuando ves tan próximo el fin, todo son emociones. Terminar una carrera no es cualquier cosa y menos cuando es algo por lo que sientes pasión y a lo que te vas a dedicar el resto de tu vida.


Odontología.


De pequeña siempre había querido ser bióloga. Pero de esas que hacen cosas a gran escala para los demás. De las que trabajan frente a un microscopio investigando para ayudar a la humanidad. Bata blanca y todo. Con los años, fui cogiendo un poco más de perspectiva y me di cuenta de lo que realmente me gustaba. 

Quería ser, creadora de sonrisas.

Seguía conservando los mismos objetivos, pero quizás a menor escala; el blanco continuaría estando en mí día a día y ayudar a los demás sería mi filosofía.
A pesar de tener sueños claros, todo esto no ha sido fácil. Muchos días y muchas noches por adquirir el aprendizaje adecuado para ser la mejor en algo, no es sencillo. Ahora, que estoy en el punto final, me doy cuenta que todo el esfuerzo ha valido la pena. Cada vez que consigo una sonrisa de alguno de mis pacientes al salir de la consulta, lo compensa absolutamente todo.

Y de repente. Hace ya varios años, me topé con ANEO. Gente magnífica de los que he aprendido infinitamente y con los que he compartido reuniones, risas, fiesta, lucha, esfuerzo y superación. Os invito a todos a echar un vistazo a esta revista y no dudéis en visitar http://aneo.es/ para saber todo acerca de la Federación.


A los futuros dentistas, a los que tengáis la sensación de que el final nunca se acerca, daros ánimos y luchad por lo que realmente queréis. La carrera de odontología y el futuro que tenemos por delante, a pesar de ser tan confuso en nuestros tiempos, se puede combatir con mucha ilusión, ganas y movimiento. Así que desde aquí, desde el número 39, mi último número como editora de la revista ANEO, os mando mucha fuerza.


Todo llega, chicos."


lunes, 29 de abril de 2013

Si ves la página medio vacía, vas a tener que aprender a mirar.

Esfuerzo, ilusión y ganas. 
Muchas veces todos soñamos con que en algún momento podamos hacer lo que realmente queremos, lo que nos interesa y lo que siempre hemos ansiado. Conseguir algún tipo de reconocimiento o gratitud por parte de los demás. En ocasiones, por mucho que uno se esfuerce y ponga todo su ímpetu para ganarse un huequecito entre tanto gentío, parece que no consigue alcanzar su meta prestablecida. 

Se que últimamente Marta está torcida, le abruma la vuelta a la rutina y todo lo que eso comporta. Poner fin a tanta aventura es todo un delito para su estado emocional. Cortar las alas a tantas sensaciones, molesta. Y encima, cree que todo lo vivido, no le ha aportado absolutamente nada. Está muy equivocada. Ha ganado vivencias, entusiasmo, empeño, experiencia, aventura, superación y fuerza. No hacen falta reconocimientos. Todo llega.
De todas formas... sabéis qué?, los pequeños reconocimientos superan a los grandes. Para mi, son los más importantes. Aquella gratitud y satisfacción de la gente que me rodea y me aprecia. Ser alguien por las cosas que haces, no es la mejor opción. Lo que eres, es lo que te va a ayudar a llegar a donde te mereces. 
Me da igual que Marta esté torcida, callada, molesta o distanciada. Y ya me dan igual los motivos. No se hasta cuando va a durar esto, pero todo es más sencillo y simple.

Siempre le digo a Marta que a mi no me hace falta ningún tipo de reconocimiento pero se ve que hay personas a las que si. ¿Y qué hacer? 
Yo se qué hacer: seguir animando y ayudarle a conseguirlo. Sea lo que sea. Y que sepa que lo vale. Y si no lo cree, ya me encargaré de recordárselo. Para eso es mi amiga.

Smile.
:)

[[Si ves la página medio vacía,
vas a tener que aprender a mirar,
Si ves que no avanza na' tu barquita,
hay que sacar las manos y remar.]]

miércoles, 13 de marzo de 2013

Calma tras la tormenta.



Siempre te habían dicho que jamás te juzgarían, que nunca te etiquetarían. Crees que te conocen al dedillo y que nunca podrías llegar a esa situación. Que hay límites que de alguna manera han sido traspasados, pero no por ti. Te das cuenta, que en ese preciso momento has llegado al límite. Estallas en lágrimas injustas y sientes miedo. Te están dando el día, la noche, la madrugada de un 25+1 y no entiendes por que si no has hecho nada malo. Te sientes como la mismísima suela de un zapato. Para ti, todo sigue igual. Nada ha cambiado.

Todos sabemos que en momentos extremos podemos extralimitarnos y que las pequeñas tonterías pueden significar instantáneos pálpitos de corazón. Hasta ahí, todo es entendible. Pero no comprendes el por qué de esas reacciones tan extremas. Tú eres así. Así te conocieron y así te enseñaron a ser. Libre. Sin límites. Siempre te has comportado tal y como eres. Simple, directa y sencilla. Tienes claro que la seguridad de esos lazos que te unen permanece en las pequeñas cosas compartidas. O al menos, eso creías.  Por qué, ahora que por una vez has tenido al alcance algo que te beneficia y que alguien es capaz de prestarte su ayuda deinteresadamente, te dicen que decidas y escojas? Has entregado y demostrado de sobras todo lo que aprecias y lo especial que es para ti. Nunca te mueves por el interés. Eso está claro. Y te hace un daño tan profundo que te diga eso que lo único que decides hacer es silenciar, que las aguas se apacigüen, vuelvan a su cauce y que la desconfianza desaparezca. Pero por favor, que tanto aprecio no se vaya al carajo. Soy yo.

Y es que... ¿Para qué buscar teorías irracionales del por qué de este poco común cruce de caminos? ¿Para qué darle vueltas a algo que no hace falta, que nunca ha sido necesario y que es absurdo? Se llama amistad.   En mayúsculas. Aquí no hay límites que valgan. Y si eso, los finales dramáticos, para otro día. O para las pelis.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Ansiedad ajena.

Respiración intranquila, descordinada, ansiosa, estresada y nerviosa. Así estaba Marta aquella tarde en que casi a la fuerza, la obligué a tomarse un Frappé de caramelo. Es imposible que teniendo tantas cosas en la cabeza, concilie el sueño de forma satisfactoria. A pesar de parecer que pasa de todo, estar ausente en muchos momentos y callada hasta niveles insospechados, su cabeza da mil vueltas. Y eso, hay que descargarlo. Y si es con cara enfurruñada y chocante, asumiré ese riesgo.

Porque ser realista no significa privarse de las alegrías y entusiasmos que te da la vida. 
No significa no expresar tus sueños y anhelos. 
No significa dejar de ser idealista cuando estás gritando en silencio que lo que te esta sucediendo es genial.

Muchas veces le digo a Marta que ser tan poco emocional en momentos como estos, te priva de vivir y sentir sensaciones extraordinarias. Que gritar, alegrarse, emocionarse es lo que hace que disfrutes de cada situación por la que pasas. 
¿Y es que sabéis qué? Incluso sentir miedo es bueno. Te proporciona una adrenalina que en ocasiones, es increíblemente placentera.


Y que el hielo se derrita.

domingo, 13 de mayo de 2012

Dando alas.

Pues sí, que queréis. Me resulta difícil. No puedo hacer nada. En el fondo, en lo más profundo, cualquier decisión resulta complicada. En realidad es cierto, nunca he sido muy fan de tomar decisiones difíciles. Y no es simple cobardía, sino que nunca he tenido que hacerlo en grandes proporciones. Pero seguir la corriente del río, puede que ya no funcione. Sin duda, no puedo quejarme de mi (aún corta) vida. A pesar de eso, puede que vaya siendo el momento de decirme; Eh Clara, venga, espabila que ultimamente sueños, ideas, pensamientos y pesadillas te van a consumir!

Cuando evaluas y te das cuenta que en varias ocasiones te has regido por el mismo patrón, puede que lo tuyo sea mala suerte. O mala suerte o simple casualidad. La historia siempre se te repite y no ni una, ni dos veces..., sino incluso tres. Una vez alguien me dijo que yo ayudaba a desplegar las alas y luego, cuando ya están preparados, parten, y salen a volar. Pero es que sabéis qué?, para eso hay que tragarse lo peor del camino. La preparación, el esfuerzo, el tiempo, las faltas de ganas, los silencios, las distancias...; todas esas cosas que al parecer desaparecen al alzar el vuelo. Y sinceramente, es algo que da rabia. Sí. Te das cuenta que tú te has pasado los momentos más difíciles, que has puesto todo tu empeño e ímpetu aguardando y esperando que el mañana será mejor, y cuando llega el mañana qué ocurre? Que no eres tú la que disfruta del esfuerzo, sino que es otra persona. Y no mola. No mola nada.


La falta de comunicación, los silencios, los instantes sosos, la falta de comprensión, de sorpresa, de aventura, de confidencias, de entendimiento, de compartir inquietudes, ganas, deseos, apetencias; el afán, las ambiciones y las cosas anheladas; Compartir todo eso y no volverse completos desconocidos dejando que poco a poco la llama se apague, se te escape entre las manos y desaparezca. Ese es el secreto. 
El amor no es infinito ni eterno cuando no se sustenta ni se lucha por él; cuando se habla de cómo podría ser pero el paso de los años no te dan ese disfrute máximo. Y al final se enfría y no hay manera de volver a calentarlo. ¿Y la culpa de quien ha sido? De todos, o de nadie.

domingo, 22 de enero de 2012

Hay ratos.

Hay ratos en los que Marta no sabe dónde meterse, ni qué decir, ni cómo explicarse, ni qué contestar. Hay ratos en que de la forma más inconsciente se encuentra por casualidad en un lugar que 5 minutos antes no tenía ni idea. Hay ratos en los que por no hablar y preguntar, se confunden las cosas. Y es que Marta siempre dice que los peores enfados vienen de los malentendidos más absurdos del mundo. 
Y oye su nombre, el cambio de voz, y ve la duda en el pensamiento del otro interlocutor. Se le nubla la mirada, se le entrecorta la voz y siente tristeza interior. Será que está en días previos al machaque mensual, será que el relax extremo le ha dejado en estado de mínimas defensas o simplemente será que le duele oír su nombre cuando antes oía un cariñoso apodo siendo prejuzgada sin ni siquiera ella saberlo.

Hay ratos en los que irremediablemente le viene a la cabeza y no puede dejar de preguntarse el estado de ánimo de cada instante, el sentimiento de soledad que quizás perdura durante horas, el divertimento qué más llena últimamente, el momento más feliz de la última semana, la conversación más trascendental que ha tenido o el último pensamiento antes de irse a la cama. Marta lo piensa, Marta se interesa y lo hace de verdad, siente que los amigos, los buenos amigos, los que guarda bajo llave y sobretodo los más importantes, deben estar bien y hará todo lo posible para ello. Incluso aunque parezca la cosa más absurda del mundo o la acción más inexplicable. 

Hay ratos  en los que un torcido de ceño, una respiración más pausada de lo habitual, una mirada más seria o un tono de voz más bajo hacen saber a Marta que algo extraño ocurre. Y es cuando al coger la cuerda y tirar y tirar se da cuenta que ese sentimiento inconsciente que le perturba interiormente desde ya hace unos 10 minutos y que ha hecho rasgar su voz y entorpecer su vista, no viene de la nada, sino que todo es producto de la sensación que le produce escuchar la voz de su interlocutor, que una vez más, ha dado por supuesto cosas que no son.

Y es que, una vez más, Marta ha aprendido que preguntar qué ocurre, no es tan complicado. Si todos hiciéramos lo mismo, las cosas serían más sencillas, los malentendidos no serían tan absurdos y Marta se ahorraría muchas lágrimas.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los momentos insubstanciales.


Hoy no es domingo por la tarde, ni tampoco uno de esos días de fiesta en los que a tu pensamiento le da por volverse loco dando vueltas a tu vida. De todas formas hoy me gustaría hablar sobre todos aquellos que piensan acerca de #quéhacerconmivida, #trenesqueseescapan, #¿voyasercapaz? o #únicaoportunidad.

Mira, todos en algún momento hemos tenido la inmensa necesidad de vivir lo invivible, lo nunca imaginado y lo más loco que haya podido pasar por nuestra cabeza. Todos. No digáis que no. Y da la casualidad, que a muchos se les ha despertado ese deseo en un momento de esos que yo llamo "insubstanciales", de esos de los que he empezado hablando, los del domingo por la tarde en los que estás en tu sofá, frente a la tele, revisando tu correo y el perro sentado a tus pies. Ahí, por una extraña razón, tu mente estalla a mil revoluciones. 
Estudiaste lo que querías estudiar, tienes trabajo, tienes una vida cómoda, vives de la manera que quieres vivir y todo está más o menos adecuado a todo lo estandarizado y aún así sigues sin estar tranquilo. Y te da por mirar hacia atrás y repasar tu vida en pequeños fascículos como si de una colección del dominical se tratara. Te planteas si realmente has vivido cómo querías o si has vivido todo lo que querías y de la manera que querías. Y si no es así, ¿hasta cuándo puedes recuperar el tiempo perdido? Aunque siempre te haya gustado crecer, quizá ahora has visto que cumplir años no es cualquier cosa. Marta siempre dice que el tiempo nunca es perdido, que todo lo vivido es enriquecedor e interesante, que todo te enseña y te hace como eres ahora. No intentes recuperar nada cuando aún te queda muchísimo tiempo que disfrutar y perderte por la senda de este mundo aventurero.

Aventuras, sí. Dije aventuras. Eso es todo lo que necesitamos para mejorar, progresar y engrandecer el espíritu. Nunca es tarde, los trenes nunca se pierden, y si lo haces, ya cogerás el siguiente, no siempre hay una única oportunidad para realizar tus sueños. Estoy segura de que puede que haya personas que necesiten de un empujoncito que les ayude a lanzarse a una una piscina llena de aventuras, pero si por cualquier motivo no tienen ese empujón, a la larga, se entregarán a la aventura sin dudarlo. Seguro.

miércoles, 10 de agosto de 2011

¿Entendido?

Momento calmado, pausado, sereno, difícil y duro. Tranquilo y sosegado, pensativo y muy reflexivo. Así tiene que ser. Hay momentos en que es necesario un cúmulo de adjetivos como este para pasar un trance que a la larga te va a proporcionar una etapa llena de mejoras. Todo sigue su curso, transcurre poco a poco, cual río lleva sus aguas a su cauce y que, con el tiempo, desemboca en alta mar, suave, templado y muy despejado.

Cuando todos los que a mi me importan lleguen a entender que esto no es, ni ha sido un simple capricho, un arranque egoísta o un cúmulo de acciones inconscientes, todo irá mejor, sin duda. Por lo pronto, me basta con saber que en casos como este las personas implicadas son las que realmente son importantes y que curiosa y típicamente se reducen a un par de pares de ojos, dos pensamientos distintos, cuatro manos que se estrechan y dos voces que se entienden. Todo lo demás, es secundario. ¿Entendido?

Marta siempre dice que el tiempo nos ayuda a sanar y apaciguar las cosas, tranquiliza espíritus y mentes y nos regala instantes que todos merecemos. Nunca te apagues, nunca cierres los ojos, nunca te engañes ni dejes que te presionen y sobretodo, nunca dejes de sonreír porque si no, ahí estará el problema.

viernes, 20 de mayo de 2011

#acampadabcn

Estaba yo en la biblioteca central, la de letras de la UB, en la Plaça Universitat con mis tratamientos de las múltiples patologías de las glándulas salivales, sus diagnósticos y sus vaciamientos ganglionares, cuando de repente el silencio sepulcral que de vez en cuando se cortaba con algún frenazo de un coche, se interrumpió.
Un megáfono gritaba a más no poder. Era una más de las manifestaciones, tambores y gritos de apoyo a la #acampadabcn.

Parace que esta vez, la gente se está moviendo. Por el bien de todos espero que estén aquí libre y voluntariamente sin necesidad de representar a nadie y que nadie les represente a ellos; que se unan por el malestar con la sociedad, con la economía capitalista que nos rodea y con todo el sistema político que no nos representa y del cual chupa mucha gente que no debería. Porque si es así, doy mi voto de confianza por esta acampada manifestante, esta lucha pacífica; firmo donde sea y cuando sea.

Y me encanta ver que Twitter ha sido una vía de escape y de unión y reunión para muchos. Que ha participado tanto en la #acampadabcn, como en la #acampadasol o la #acampadavlc.
Cuando algunos peces gordos creían que la sociedad estaba dormida, la gente se ha levantado, ha mirado al frente y ha dado el grito que hace tiempo debía haber dado. Pero ha sido ahora. Ahora ha sido el momento.

Veremos a ver las elecciones de mañana. De momento, la jornada de reflexión está siendo de todo menos de reflexión. Unámonos todos en Plaça Catalunya. Cambio y corto.

viernes, 4 de marzo de 2011

Divagaciones. La libertad que necesitamos.

Recuerdo el año que hice la selectividad, ahora ya hace algún tiempo... era el examen de lengua y literatura castellana y curiosamente, en el ejercicio de redacción, la Clara eligió un tema fundamental: El espacio personal. No se, me salió. Dicen que en momentos de estrés y ansiedad, a uno le viene a la cabeza lo más necesario, y a mi, me vino eso.

Es curioso porque yo siempre he pensado el por qué uno se siente tan insufriblemente incómodo dentro de un ascensor. Es como que la excesiva proximidad, la cara de uno demasiado cerca de la de otro, hace que no paremos de mirar el reloj, el móvil o las llaves, que miremos al suelo, nos pongamos de perfil y contemos los pisos con una cierta impaciencia esperando que el viaje acabe cuanto antes. Eso, si no tienes el compromiso de hablar con el vecino del 6º, y encima, lo único que se te ocurre decir es: "Qué día más caluroso hace hoy, o qué frío esta mañana". Ya lo dice mi padre, el tiempo es el tema de conversación por excelencia de un ascensor.
Vale, hasta ahí, todo claro. Eso es lo que yo llamo, el espacio personal entre personas mas o menos conocidas o desconocidas. Ok, bien. Yo pondría..., que el necesario entre conocidíssimos/amigos son de unos 20 a 30 cm, para los conocidos unos 45 cm y para los desconocidos, 60 cm entre ellos y yo.

Y luego, luego está el otro espacio personal. Llamémosle espacio personal, espacio individual o libertad. Éste es el que hay (o debería haber) entre una pareja.
Mirad, el otro día me enteré que un amigo de Marta se había reajuntado y casado. Lo único es que ahora iba con el cuento ese de "Yo sabía que la vida en pareja implicaba hacer un cambio, pero no que tuviéramos que diluirnos en la presencia del otro para existir. No siento que haya ganado a una compañera, sino que perdí mi independencia".
A ver a ver a ver..., cuando Marta me citó esas palabras del amigo, pensé: pobre...y eso que es solo el principio. Y dudo que el amigo de Marta haga mucho por cambiar esa situación. Vamos, que acabarán pasando 10 años, y la historia seguirá igual, o peor. Sin espacio, sin desarrollo de uno mismo y con absolutamente todas las actividades compartidas.

Maaaal señores, mal. Vale, sí, hay que tener cosas en común, pero no hace falta estar las 24 horas (que casi parecen 48), en máxima fusión. Así se pierde algo primordial para todos, la libertad. Por que sí, necesitamos libertad; de esa libertad personal que no te impida vivir un día a día diferente cada vez, interactuar con distintas personas, tener independencia para poder hacer las actividades que nos agraden y sobretodo, no caer en rutina.

Mientras tanto, conversando con amistades, observando en el metro a desconocidos o sentada en un banco de la plaza central de la ciudad, voy viendo como la gente de la sociedad actual cada vez necesita más de esa libertad, de esa autonomía, autosuficiencia o autodeterminación. Para ello hay quién respeta esa independencia el uno con el otro, hay quién busca relaciones a distancias largas, hay quién no se compromete e incluso, hay quien prefiere cambiar de pareja, como de moto. A ver si así, la próxima moto, le da más libertad.

martes, 30 de noviembre de 2010

La claridad es tan clara que al final, te acabas liando.

Cuando llegas a una edad, y no, no hablo precisamente a mi edad, ni tan siquiera de la edad de Marta..., no, no; me refiero a edades superiores (que tampoco tanto), cuando se supone que la experiencia, la vida, los años y el paso de tiempo te han dado la sabiduría máxima para poder afrontar cualquier situación, resulta que ni todos somos tan perfecto, ni tan buenos, ni tan extraordinarios para según que cosas.

Nos liamos. Nosotros mismos nos liamos solos, y es que según nuestro yo interior, todo está claro claríssimo. Pero no es así. Muchas veces, por dejarnos llevar por la senda de la vida, perdemos el norte, el sur, y hasta el este u oeste. Todo uno mismo se equivoca y ya lo dicen, para aprender, hay que equivocarse. Pues así sea. Pero quizá llega una mañana es que te levantas, te vuelves a mirar al espejo antes de entrar a la ducha y te sientes perdido. Sin quererlo ni beberlo estás en embrollos que ni te van, ni te vienen y que ni siquiera sabías que había la posibilidad de estar en ellos. Pero estás. Allí estás tú, a las 7:00 de la mañana, mirándote al espejo y dándote cuenta que los jaleos vienen como vienen. Y todavía tienes que desayunar antes de salir corriendo.
Las posibilidades son infinitas y no se puede ir de tonto por la vida ni dejándose llevar. Déjate de confusiones y/o ambigüedades. Cada uno debe llevar su propia vida.
Eso sí, si algún día nos vemos en situaciones confusas, no nos engañemos, evitemos rodeos e imprecisiones, centrémonos y plantemos (nos) cara y nunca intentemos arreglar en los demás lo que precisamente, uno mismo necesita. Y es que ya se sabe, siempre es más fácil todo en boca o piel de los demás que en uno mismo.

Hay que vigilar con todo. Con nosotros, los amigos, los compañeros, los desconocidos de la parada del autobús y hasta el vecino de la casa de al lado.
Porque, como dice Marta, ni los tontos son tan tontos, ni los sinceros tan sinceros, ni los legales tan legales, ni los claros, tan claríssimos.

jueves, 19 de agosto de 2010

Reflexiones.

Entre la referencia y la interferencia hay solo un paso. Un reloj, una sonrisa, una mirada, un gesto, la calidez y luego, todo lo demás...silencio. Las personas que de tan sencillas que somos, parecemos hasta complicadas. Todo se enfría y todo se calienta. Todo es nada y de nada, un mundo. Así somos algunos y así seremos. No hay vuelta atrás y nada puede cambiar. Tenlo claro. Tenlo por seguro.

martes, 20 de abril de 2010

No se si me explico.

Creo que no nos hemos entendido bien.

Cuando hablé en la entrada anterior de la dignidad, hablaba de ella como concepto general, general y generalizado, no solo entre parejas, matrimonios u hombres y mujeres que se gustan o no. No, no, yo solo puse un ejemplo que "una mente experta" me expuso.

Sí, es cierto, es cierto que un hombre sin ser hombre ya no sería hombre (obviamente) y seguro que aburriría hasta la saciedad, pero, y quizás me equivoqué en emplear el término "hombría", no siempre eso es lo mismo a dignidad.
Cuando digo perder la dignidad no me refiero a perder la autonomía de uno mismo, ni perder la libertad, ni dejar de ser estrictamente racional o perder el poder de crear; Tampoco te digo que hagas lo más indigno del mundo.
Lo que yo quería decir es que en realidad, esa dignidad que tanto nos preocupa a veces (ya sea hombre o mujer) por el "qué pensará el otro/s", no tiene tanta función en si. Que las cosas hay que hacerlas si se quieren hacer, si apetecen, aunque sea lo más irracional del mundo (por eso dije estrictamente delante de racional).

Si quieres llamar, pues llama, si quieres sorprender, pues sorprende, si quieres dar un paso hacia delante, pues hazlo. La vida está para eso, para hacer tonterías. Lo único que puede pasar es que te limiten. Que la dignidad no la pierdes. Que yo soy muy digna y tú también. No te preocupes.



(Lee atentamente Don F.Dwarf)

viernes, 16 de abril de 2010

¿Y tú, tienes dignidad?

¿Qué es la dignidad señores?
¿Cuándo la perdemos?
¿Es indistinta entre hombres y mujeres?

Marta a menudo dice que la dignidad de cada persona únicamente depende de uno mismo y que hay ocasiones y personas por las cuales no importa perderla.

Una "mente experta" (comillas-comillas) dice que cuando las mujeres hablamos de estos temas, no tenemos ni idea de qué estamos diciendo, porque hay que tener en cuenta que hay una línea muy estrecha entre romanticismo y estupidez.

Cuando un hombre va a hacer algo que borre la línea entre esas dos cosas, la mujer ya ha decidido en qué categoría entra. Es decir, si el tipo nos gusta, casi cualquier gesto nos parecerá romántico y por tanto cualquier cosa, por muy imbécil y desastrosa que sea, habremos decidido que es lo más estupendo del mundo porque él nos gusta, nos encanta y moriríamos por él (bueno, esto último es relativo). En cambio si el susodicho nos disgusta, o peor aún, si ni siquiera nos interesa, un gesto tan típico como traernos flores nos parecerá pesado, acosador y ridículo. Déjenme decir que veo dudosa esa postura y no la comparto en su totalidad.

A decir verdad, creo que el hombre debería olvidarse de la hombría de la que con tanto orgullo presume.
Pero no, ellos siempre dirán que en el momento en que un hombre se olvida de su dignidad, ese hombre pierde todos los puntos (a menos que sean puntos de amigo, que son como puntos del Caprabo pero menos útiles porque con los de Caprabo te dejan entrar a la gala de los Oscars).

¿Es que para qué queremos la dignidad? Ah, sí, perdonen, que eso es lo último que nos queda (o eso dicen, porque es lo último que se pierde) cuando no nos queda nada más. ¿Qué pasa, que te van a juzgar por no tenerla? ¿Qué no vas a poder respirar si la pierdes?, ¿Qué no te van a dejar entrar en el cine?, ¿Qué te vas a morir sin ella? Menuda tontería. La dignidad no sirve para nada y si vale la pena perderla, pues de perdidos al río, hagámoslo.

Todos nacemos con la misma cantidad de dignidad. Yo creo que tengo un nivel de dignidad distinto con cada persona, con cada amigo que tengo me he concedido el privilegio a mi misma de perder un poquito más o un poquito menos porque total, para qué la quiero. No voy a ser menos ni peor por tener menos que tú porque en realidad tú siempre tendrás menos que Marta. Seguro. Porque sí, de todas las personas que conozco, Marta es la que se lleva el cupo de dignidad. Es que ella es muy digna. En todos los sentidos.

Yo la voy perdiendo a ratos, cuando soy tonta, cuando me pongo pesada, cuando doy primeros pasos, cuando soy curiosa, cuando me pongo melancólica o cuando hago las cosas sin pensar en las consecuencias. Pero esa es mi vida. La Clara sin dignidad sigue siendo la Clara, así que dejaros de pamplinas y haced las cosas si os apetecen, porque seas hombre o mujer, siempre, siempre, siempre, valdrá la pena.

jueves, 1 de abril de 2010

Días de semana santa.

Darme por vencida nunca ha ido conmigo.

Porque sí es verdad que quién me conoce bien (y quizá no tan bien) sabe que he tenido algún que otro momento en mi corta vida que casi me supera, pero es que hacer puenting sin cuerda aún no está al abasto del ser humano. En fin, la cosa es que ese es uno de los momentos que escribiría en mi libro de memorias. Ese, y unos cuantos más, pero sobretodo ese. Porque con los años y viéndolo desde una perspectiva mucho más altiva, me enorgullece haber pasado por ello, haberlo superado y encima con creces. Por eso, me veo capaz de decir que si en un momento como ese uno no se da por vencido, tiene terminantemente prohibido rendirse en ninguna otra situación.
Así que no pienso darme por vencida. Si realmente quiero hacer algo, me voy a desvivir por hacerlo, por mucho que tenga en mi contra. Ya no.

Pensar así me hace más fuerte. Pero igual que a mi, a ti también debería fortalecerte. Mírate, tú puedes, puedes con todo. No te pongas más escusas porque no es la solución.
Y si te estampas contra el muro, pues te estampas y ya está. Por muchos NO que obtengas, si buscas soluciones, las encuentras. Si yo nunca hubiese buscado una solución, quizá ahora no podría caminar. Por eso os digo siempre que lo mejor es lo que parece más difícil. Como me dice siempre Marta, si juegas con fuego, te quemas. Pues me quemo. Correré el riesgo. Todos deberíamos correr ese riesgo.
Te lo vuelvo a decir, ponte frente al espejo y cuando creas que no, díle a tu otro yo del cristal, PUEDO. Yeah. Entonces tu espejo te dirá: "-ok, puedes, pero deja ya de hacerte tirabuzones que me canso."

Qué cosas me da por pensar.


Ah sí, perdonen, se me olvidó desearles feliz Semana Santa para los que estos días tengan unos días de descanso. Y para los que no, escuchen la radio, que a mi me esta sirviendo de mucho. Pero cuidado, que al final acabas pensando que todas las canciones hablan de ti.
Y disfruten del sol. Y de las procesiones si os gustan y si no, pues colesterol, mucho colesterol de los postres de estos días. Y la familia unida. Y comed carne, que comer pescado en jueves o viernes santo, no sirve de nada. Pero shhh, que es un secreto.
Ah sí, y no os enganchéis a series online, aunque creáis que las vacaciones son para eso.

Otra cosa. Estos días están por aquí mis primas. Mis primas gemelas de origen catalán pero espíritu extremeño. Cuando se fueron a vivir allí, eran pequeñas. Ya hará unos 7 años y no recuerdan nada de aquí. Es alucinante cómo subirles al tren que yo cojo todos los días, para ellas es como subir a una atracción. Es que los que son de pueblo, son de pueblo.



Spotify - Estuve a punto de. - Miguel Bosé.

jueves, 18 de marzo de 2010

Como siempre.

Es jueves. (yuhu ¬¬).

Recuerdo las conversaciones que he mantenido estos últimos días. Me sorprendo y me abrumo. No entiendo nada. Como siempre, nunca entiendo nada cuando se trata de la falta de ruido, del no hablar por escrito, del reprimir las pasiones, de las pausas larguíssimas y las no tan largas, de la abstención de hablar. El silencio nunca fue especialmente mi amigo. Pero al parecer así tiene que ser.

Poetas. Dicen que son poetas y tan solo son demagogos de su tema. Hablan, hablan y hablan y curiosamente te convencen, te lo crees y te lo crees todo. Como siempre.
Marta siempre dice que por más palabras que puedas/quieras intentar transmitir/decir, ya sea con la cabeza bien firme o medio cabizbajo, se quedan en eso, palabras. Que sí, que pueden ser recuerdos, pero ya está. Que las palabras se las lleva el viento y que lo que realmente cuenta son tus actos y tus acciones; todo lo que haces y también todo lo que no.
Y lo haces. Tú lo haces. No sabes en realidad la razón, pero lo haces, te desplazas y vuelves a bajarte los pantalones por vigésima vez. Pones las cosas lo más fácil posible. Y nada. Nothing de nothing. Como siempre.

Es gracioso. Es cierto que las personas nos creemos que el camino más fácil siempre va a ser el más divertido cuando en realidad no es así. Aseguro que lo más complicado, lo que más te saque de tus casillas, lo que más te cueste y lo que menos puedas controlar, eso, será lo más fantástico, maravilloso e inquietante de todo el día, de toda la semana, de todo el mes o de toda tu vida.
Pero na'. La verdad es que te cagas. Porque es eso, no lo puedes controlar. Y te revienta.
Y ya ves, fíjate en los políticos. Me llama la atención que precisamente este tipo de cosas que pueden ocurrirte a ti y a mi, a nosotros y a todos vosotros, también les ocurre a ellos. A su manera, pero les ocurre. Que así no se solucionan las cosas. Que así no se soluciona nada señores. A ver que os pensáis.

Que inocentes que somos cuando nos creemos 3 palabras. Tres, cuatro o las que sean. y no entiendo nada. ¿Me lo explicas?

(Como siempre).

jueves, 11 de marzo de 2010

¿Y tú, de qué tienes miedo?

Cobardes. Eso es lo que somos las personas por naturaleza.
Y yo que el otro día creía que Marta era del otro grupo de personas, de los que no temen plantar cara pase lo que pase. Y no; me estubo comentando que por lo visto hay situaciones que le sacan de sus casillas y no es dueña de sus actos ni acciones. Por mucho que se esfuerce.

Me dice que lleva un par de semanas que tiene la cabeza en cualquier otro sitio menos en el que toca y que eso le ha hecho pensar. Pensar; uf, Marta pensando. Peligro.
Le he dicho que no se preocupe, que hay muchos tipos de cobardes. Que ella no lo es, que todos alguna que otra vez hemos sentido miedo. Miedo al aislamiento, miedo a la incomunicación, al rechazo, miedo a la mentira, miedo a que nos hagan daño o miedo al qué dirán.

Cuando somos pequeños tememos la separación de los padres. Bueno eso y al hombre del saco. En un rango de 0 a 4 años.
A partir de los 5 años nos creemos los reyes del mundo y de hecho lo somos. Somos los reyes de la clase, los reyes de tu casa, el rey de los abuelos; vamos, qué somos los reyes del mambo. Eso hasta los 7 años. Aquí ya empezamos a sentir miedo por otras cosas; se dice que a partir de los 7 años y hasta los 11 tenemos un miedo irrefrenable al ridículo. Al parecer es una época en que es necesario demostrar a tus "amigos" que ya no dependes de tus padres, que las cosas puedes hacerlas por tu mismo y que nadie te puede decir lo que tienes que hacer. Quieres ser aceptado. Eso sí, te caes al suelo y vas llorando a las faldas de tu mami. Pero a vistas de los demás, tú eres un machomen.
A partir de los 12 años (según a qué generación pertenezcas) hasta los 16 o 17 se siente miedo a la soledad. Aquí es cuando la adolescencia está en pleno apojeo; muchos pájaros en la cabeza y poca cordura. Pero eres feliz, vives feliz y sueñas en mil y una experiencias.
Cuando llegas a los 18 te entra el miedo a hacerte mayor, a las complicaciones, a los compromisos y a las obligaciones. A pesar de eso, los 18 son los 18 y te gusta sentirte un poquito más mayor.
Cumples los 19 y ya piensas, "coño, ha pasado un año desde que cumplí la mayoría de edad y ni me he enterado. A los 20 empiezas a darte cuenta que el paso del tiempo va más rápido de lo que tu creías.
A los 21 ya has asimilado tu posición, el sitio en el que estás y cómo te encuentras.
A los 22 has dado un repaso a tu (corta) vida en forma de recuerdos y te has puesto alguna que otra vez melancólica pensando en todo lo que has hecho. Lo que aún no sabes es todo lo que aún te queda por hacer.
A veces, a los 23 te pones a pensar en el futuro próximo y en el no al tan próximo, y te estresas. Te dicen que eres mayor pero tú te empeñas en decir que no, que aún eres una niña. Te sigue dando miedo hacerte mayor, que el tiempo pase deprisa, que no se pare en esos momentos que tú quieres y que no te de tiempo hacer todo lo que siempre soñaste.

Nos pasamos la vida temiendo ves a saber qué cosas extrañas cuando lo más fácil es enfrentarte a ellas, que por mucho que los años pasen, hay cosas con las que tienes que lidiar, por mucho que las rehuyas. Por eso siempre le digo a Marta que no hay que ser cobarde. Pero me dice que no puede remediarlo.

Marta tiene miedo de muchas y a muchas cosas.


¿Y tú, de qué tienes miedo?