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miércoles, 27 de mayo de 2015

#Changes.

Los cambios se acercan. 
Marta siempre ha dicho que la vida está llena de cambios. Que sin ellos, jamás progresaríamos. Que vivir de la misma forma siempre, es aburrido. Que a veces hay que renunciar a lo que eres, por lo que puedes llegar a ser. El cambio es la esencia de la vida. Siempre hay que arriesgarse más de los que los demás creen seguro. Cuidarse a una misma más de lo que los otros creen que es razonable. Soñar mucho más de lo que los demás creen que es práctico y esperar infinitamente más de lo que las otras personas creen posible. 

Aún recuerdo como si fuera ayer el primer día que pisé Lloret de Mar. Recuerdo sentir la misma sensación que cuando me lancé al vacío haciendo parapente. Un sinfín de sensaciones y emociones que siempre guardaré en un rinconcito de mi ser. Era algo nuevo y a lo que me enfrentaba sola. Y tenía muchísimas ganas de aprender. Lo que no sabía es que lo haría tan rápido. Y la verdad, estoy muy contenta de ello. Se que tengo mil y una infinidades por aprender pero el primer choque contra la realidad, me lo dió este pueblecito que todos creen lleno de guiris pero que yo lo he hecho muy mío. 

Ahora es el momento de volver a cambiar.  De sentir esa sensación de nervios. De descubrir una nueva experiencia. De cambiar de lugar, de pueblo, de casa y de trabajo. De progresar. De vivir esas cosas que en un momento u otro te dejan sin aliento. Porque en realidad la vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento. Y los cambios, siempre lo hacen. 

[[Cuando me siento bien. - Efecto Pasillo.]]
Sonríe :)

lunes, 19 de agosto de 2013

Hay que dejar que las personas tropiecen. Tropezar nos hace más fuertes.

¿Por qué siempre acabo en el centro de todo?
¿Por qué cuando sabes que haces las cosas bien, te sale el tiro por la culata?
¿Por qué el simple hecho de querer ayudar a los demás parece que es al revés?
Qué pasa, que no se puede permanecer en un lugar neutro, en el centro de todo? ¿Siempre hay que posicionarse de un lado o de otro?  
Que me hagan sentir tonta nunca ha sido de mi agrado y menos cuando lo has dado todo y sigues dándolo. Sabes que no son momentos fáciles y que aquí todo el mundo está muy sensible. Pero por favor, solo pido que no se precipiten en las decisiones tomadas.

Qué puñetera necesidad tenía yo de meterme en estos jaleos. Cómo si no tuviera ya suficiente con los míos propios. Que por qué?, pues porque por los amigos, yo hago infinidad de cosas.
Y sí, por todos. Aunque sepa que han actuado mal. Todos somos capaces y tenemos la oportunidad de equivocarnos. Una, dos, tres o mil veces. Aunque sepa que hay cosas que en un primer momento están perdidas. Siempre, siempre, siempre les daré mi opinión, nunca se la impondré. Siempre dejaré que ellos mismos sean quien tomen sus propias decisiones y no tomarlas yo por ellos. Por muy perdidos que crea que están. 

Ahora espero..., solo espero a que las aguas vuelvan a su cauce, a que quien debe darse cuenta que yo siempre estuve ahí, despierte de una vez y me lo diga. Ya he dado mi primer paso. Ahora toca a los demás.


Y es que... sabéis una cosa? A la gente que realmente nos importa hay que dejarles que tropiecen con todas las piedras que hagan falta. Marta siempre dice que en realidad, tropezar no es malo, solo que hay que intentar no encariñarse con la piedra.

lunes, 29 de abril de 2013

Si ves la página medio vacía, vas a tener que aprender a mirar.

Esfuerzo, ilusión y ganas. 
Muchas veces todos soñamos con que en algún momento podamos hacer lo que realmente queremos, lo que nos interesa y lo que siempre hemos ansiado. Conseguir algún tipo de reconocimiento o gratitud por parte de los demás. En ocasiones, por mucho que uno se esfuerce y ponga todo su ímpetu para ganarse un huequecito entre tanto gentío, parece que no consigue alcanzar su meta prestablecida. 

Se que últimamente Marta está torcida, le abruma la vuelta a la rutina y todo lo que eso comporta. Poner fin a tanta aventura es todo un delito para su estado emocional. Cortar las alas a tantas sensaciones, molesta. Y encima, cree que todo lo vivido, no le ha aportado absolutamente nada. Está muy equivocada. Ha ganado vivencias, entusiasmo, empeño, experiencia, aventura, superación y fuerza. No hacen falta reconocimientos. Todo llega.
De todas formas... sabéis qué?, los pequeños reconocimientos superan a los grandes. Para mi, son los más importantes. Aquella gratitud y satisfacción de la gente que me rodea y me aprecia. Ser alguien por las cosas que haces, no es la mejor opción. Lo que eres, es lo que te va a ayudar a llegar a donde te mereces. 
Me da igual que Marta esté torcida, callada, molesta o distanciada. Y ya me dan igual los motivos. No se hasta cuando va a durar esto, pero todo es más sencillo y simple.

Siempre le digo a Marta que a mi no me hace falta ningún tipo de reconocimiento pero se ve que hay personas a las que si. ¿Y qué hacer? 
Yo se qué hacer: seguir animando y ayudarle a conseguirlo. Sea lo que sea. Y que sepa que lo vale. Y si no lo cree, ya me encargaré de recordárselo. Para eso es mi amiga.

Smile.
:)

[[Si ves la página medio vacía,
vas a tener que aprender a mirar,
Si ves que no avanza na' tu barquita,
hay que sacar las manos y remar.]]

martes, 29 de enero de 2013

Las piedras amistosas.

Momentos de ausencias, de evitar, de no pensar, de no sentir. De pasar un poco de todo y de nada, de aceptar silencios, de intentar deshacerse de situaciones que hace mucho tiempo pasaron a ser indispensables en tu día a día y acostumbrarse a lo que está por venir. Adelantarse. Y es que es así. 
Despertar. Encontrar dos letras que te hacen vislumbrar un cachito de complicidad. Por pequeño que sea. Dormirse. Despedirse con una sencilla pero característica palabra cada noche. Costumbres tan arraigadas que te parece imposible abandonar. Y de repente, debes aceptar que hay cosas que todos podemos echar de menos. Aceptarlo. Porque aceptarlo no es malo. No es negativo ni lesivo. Ni mucho menos perjudicial. Y es que sentir es lo que nos hace ser como somos, nos hace sentirnos vivos. 

Una vez Marta me dijo que hay cosas que si no se piensan, no se expresan, no se sienten y por tanto, no se sufren. Bonita forma de protección. Sí. Pero... ¿Qué tiene de malo expresarle a alguien que vas a extrañarlo? Nada. Aunque a decir verdad, puede que yo llegara a extrañar incluso algo tan insignificante como una piedra. Sí. Así soy. Y más con las amistades. Y es que hay personas que son como las piedras. De mirada fría, de aspecto controlador, de apariencia aburrida y a las que difícilmente vas a arrancarles una sonrisa. Que en los momentos menos esperados, pueden ser de lo más bordes e impertinentes del mundo. Molestos. Groseros. Odiosos, sin duda. Primer premio en el podium ganando el puesto para mandarlos a la mierda más lejana. Precisos momentos en los que se te despierta unas irrefrenables ganas de soltar un bofetón a doquier, pero uno de esos que suenan. Con fuerza. 


Y sin querer o queriendo, volvemos, porque incluso este tipo de piedras, sin razón alguna, se han convertido en algo esencial en tu vida. Aquí y ahora. Amistades con las que chocas, colisionas cada día. Tropiezas. Y es que todos podemos tropezar con piedras. En algún momento de la vida, todos lo hacemos. Y por cierto, varias veces. Pero es que sabéis qué? Lo peor de todo no es que tropieces con una piedra, lo peor..., es que le cojas cariño.


:)
Bye.
Nah.
¡Hasta  luego!

miércoles, 16 de enero de 2013

Largas historias de principio de semana para no dormir. Y otros cuentos.

Lo que no me pase a mi, no le pasa a nadie. O eso siempre dice mi amiga la rubiah' cada vez que le cuento alguna de mis peripecias de mi día a día. Pero, de verdad, en realidad, mis días por lo general, son de lo más aburridos, de lo más mundanos, totalmente tranquilos y rutinarios. De casa a la clínica, de la clínica a casa y así 3,3333 periódico.
Vale, eso por lo general. Sí. Ok. Pero ya el domingo, al mirar el calendario de la pantalla reluciente de mi ipad a las 12 de la noche, se escuchaba a gritos que esta iba a ser una semana en que me tendría que poner el cartel de COMPLETO en la frente. 

Los lunes siempre están repletos de pacientes, de 8 a 8 de la tarde y aunque mantenerme ocupada entre dientes y conversaciones de lo más encantadoras con abuelitos no está mal, empezar la semana así debería ser un crimen. No por los abuelos, sino por las 12 horas que tengo que echarme a mis espaldas cada inicio de semana. Y si a eso le sumas tener un compañero de trabajo que de tan perfeccionista que dice que es, decir que las hormigas en invierno trabajan más rápido que él, es decir poco. 
Pero claro, si con el lunes no había tenido suficiente, el martes no sería menos. Urgencias. Ese servicio de la clínica odontológica que es como un cupón de lotería de navidad. Te puede tocar o no. Hay días en los que los pacientes brillan por su ausencia y puedes tomarte incluso 4 tes de la maquina y comerte una caja entera de Donettes, y otros en los que a todas las prótesis de los pacientes, les da por romperse. Pues sí, el martes fue un día de esos. Pero un chocolate a media tarde, con su aroma a avellanas y canela, iba a solucionarme el día. Nada iba a cruzar mi día. 
Chupar con toda la delicia del mundo la cuchara repleta de la nata cremosa que flota en la taza del Starbucks, mientras espero a la que sería una sorprendente compañía con una conversación de lo mejorcito, era un placer que en ese momento, me iba a permitir. Que te hablen de mil cosas y encima te escuchen, hoy en día, no es nada fácil. Seguro que habrían más chocolates con avellanas y nata. Un placer.
Y al llegar la noche, una vez más, las empanadas de Marta, volvieron a ser todo un éxito. Y es que, esa cena no era cualquier cosa. Era la Última Cena. Y allí, entre tanto estrés, tanto compromiso, tantas tareas aún pendientes, parecía que nadie se había dado cuenta. Y que yo, era la única. Vamos, yo y Marta, está claro. Marta sabía que aquello era como una especie de "hasta luego" o un "hasta la vista". Solo me quedaba confiar en que todo iba a ir bien. Eso, y dormir. Y dormí. Sí. Profundamente. Supongo que tanta tensión contenida acaba cansando. 

El miércoles empezó antes de lo que debería, entre frío, nieve en las alturas y viento. Mucho viento. Tanto viento que era casi imposible caminar por Bellvitge. Suena la radio en el despertador. Buenos días sin media sonrisa. Cómo no. Silencio. Silencio. Silencio. Supongo que las mañanas nunca traen el buen humor a nadie. Y de repente, un tweet en los altavoces despertó esa media sonrisa buscada. Con aquello, ya podía estar satisfecha para el resto de la semana.
Ese día había turno de tarde. Recibir un regalito de alguno de mis pacientes es toda una motivación para mi. Es el agradecimiento de mi trabajo. Te alegra increiblemente :)

¿Y es que, sabéis qué? Adoro lo que hago.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Curiosidades que matan.

Marta los había conocido en un momento, por lo menos, divertido. Vestida de rojos y con un corazón en sus manos, conversaba a la suave luz del gintonic. La curiosidad empapó el ambiente, las miradas se cruzaron, y lo amable llevó a lo divertido y lo divertido a lo complaciente. 

La mente era como la suya, abierta, madura, de gran espectro, despejada y libre. Sin prejuicios y totalmente sensata y clara. O eso parecía. Lo había pasado bien. Amistades pasadas, conocidos de nuevo y patatas bravas con vodka a las 4 de la mañana. Y sobretodo, morbo. Y atracción. Mucha atracción. 

Y el rato pasó, y la noche, y los días y el juego parecía haberse apoderado de la situación. Abierta a nuevas experiencias y a matar curiosidades varias, pensaba que seguir el hilo daría una complicidad totalmente amistosa. Poco a poco, le pareció oír. Poco a poco le dijeron. Poco a poco, tenía que ir la historia. Sin forzar, sin preparar, totalmente espontáneo. Los curiosos como Marta es lo que tienen, de repente se encuentran en instantes de lo más extraños, en lugares de lo más singulares y compartiendo mesa y libros con dos conocidamente desconocidos que preparaban te y desayunaban muffins de chocolate rellenos de yogurt de buena mañana.

Y esa vez, había estado bien. Con toques graciosos, eso sí. No podía ser de otra forma. Las primeras veces siempre deben ser así. Y aunque Marta no estaba totalmente concienciada, se sintió cómoda. A gusto. Habían aceptado la negativa y las medias seguían en su lugar. Mientras el agua caliente caía sobre sus hombros, era imposible abandonar el shock que le invadía la mente. Y después de un "mañana más", se fue. Todo aquello había sido muy nuevo para ella. Y tenía ganas de más.


Y el mañana, jamás llegó. Confiaba que no habían habido problemas. Que lo que ella había hablado, estaba claro, que no habían habido malos entendidos ni recelos de por medio. Ni dudas, ni celos, ni pensamientos equívocos. Sin problemas. Y que si los había habido, que fueran igual de claros que ella era. Que se lo dijeran, que se lo contaran y tan amigos. Pero no, lo mejor fue tratarla como si no estuviera, no hablarle, no preguntarle, no hacerle partícipe de lo que había pasado. Ignorarla. Si habían habido jaleos, confusiones o mosqueos, no importaba. Iba a entenderlo. Un "no ha pasado nada", en ese momento, no colaba. Para nada. Eran personas distintas a las del día anterior. Nada que ver. Absolutamente nada. Calladas. Austeras, serias y totalmente moderadas. Ni intercambio de miradas, ni complicidad. Nudo en la garganta. 

Le habían hecho pasar uno de los peores ratos en mucho tiempo. Y no se merecía algo así. Marta va de buenas, es mucho mejor que todo eso. Y pasa por esa situación una vez. No más. El truco está en la palabra. Hablar. Compartir conversaciones. La claridad y la transparencia, sin duda, son la clave. ¿Pero es que sabéis qué? Al fin y al cabo, ellos se lo perdían.

martes, 4 de diciembre de 2012

#Smile.

Encerrada en ese mini mundo que se crea cuando vas dentro de esa burbuja, las lágrimas no dejaban de caer en silencio. El momento se acercaba y la tensión y el grado de ansiedad interna iban en ascenso de forma estrepitosa. Es como esas veces en que no se puede disfrutar de la emoción que supone hacer cosas rebosantes. Odio infinito. Infinito y profundo. Toda esa incertidumbre, acaba matando. Por lo menos a mi. A mi y a Marta, está claro.

Y finalmente, el momento llegó. De forma repentina, el miedo se apoderó de la situación. Marta lo había hecho con todo el cariño y admiración. Esperaba el instante con ganas e ilusión. Con un único objetivo, sorprender a la que nunca se sorprende. Sabéis de esas personas que nunca se dejan sorprender?; ¿Que parece que tienen un odio permanente y continuo a las sorpresas? Ese había sido su propósito desde el primer instante en que se le pasó la idea por la cabeza. Se había imaginado ese momento un millón de veces. 

Había odiado profundamente todas las veces en que, mientras en secreto se repetía "la sorpresa va a ser buena", sentía que lo que hacía era absurdo, que no merecían el empeño de Marta. Era como chocar reiteradamente contra una pared. Ni siquiera estaba segura de lo que hacía. Ni siquiera ella misma lo entendía. Ni siquiera sabía de donde salían las ganas. Ni siquiera. 
Tenía ganas de ver si realmente, ni que fuera por una vez, tomarían en serio algo que ella hubiera hecho. Si algo así, despertaba ni que fuera una gotita de agradecimiento y se lo hacían saber, sería todo un logro. Creo que Marta no necesita demostrar nada nunca. Es de ese tipo de personas que demuestran la amistad obviando las palabras. Las pequeñas o grandes cositas que hace, le salen del fondo. No las piensa. 

¿Pero sabéis qué? Esa espontaneidad, marca la diferencia. Y esto, al menos, para ella, había sido muy gratificante. Al fin y al cabo, había hecho sonreír a la que jamás sonríe. Y eso, eso lo compensaba todo. 


miércoles, 3 de octubre de 2012

Ansiedad ajena.

Respiración intranquila, descordinada, ansiosa, estresada y nerviosa. Así estaba Marta aquella tarde en que casi a la fuerza, la obligué a tomarse un Frappé de caramelo. Es imposible que teniendo tantas cosas en la cabeza, concilie el sueño de forma satisfactoria. A pesar de parecer que pasa de todo, estar ausente en muchos momentos y callada hasta niveles insospechados, su cabeza da mil vueltas. Y eso, hay que descargarlo. Y si es con cara enfurruñada y chocante, asumiré ese riesgo.

Porque ser realista no significa privarse de las alegrías y entusiasmos que te da la vida. 
No significa no expresar tus sueños y anhelos. 
No significa dejar de ser idealista cuando estás gritando en silencio que lo que te esta sucediendo es genial.

Muchas veces le digo a Marta que ser tan poco emocional en momentos como estos, te priva de vivir y sentir sensaciones extraordinarias. Que gritar, alegrarse, emocionarse es lo que hace que disfrutes de cada situación por la que pasas. 
¿Y es que sabéis qué? Incluso sentir miedo es bueno. Te proporciona una adrenalina que en ocasiones, es increíblemente placentera.


Y que el hielo se derrita.

miércoles, 6 de junio de 2012

Vuelve Marta, vuelve.

El día estaba nublado. Gris. Anubarrado, como triste. La neblina al horizonte anunciaba que el sol no iba a salir hoy. Mientras Marta iba sentada en el vagón número 3, miraba a traves del cristal con la mirada algo perdida, el horizonte, sin ver gran cosa mas que las calles pasar, una tras otra, bajo un paisaje ya bastante conocido. Se preguntó dónde podría encontrar hoy la sonrisa. 

Con tanto silencio, tanta debilidad y tan poco capaz como se sentía en ese momento, hoy parecía que no la iba a encontrar. Y eso, la abrumaba mas de lo normal. 
Le faltaba su acidez impetuosa, su graciosa impertinencia habitual, su espontaneidad característica y el positivismo que acostumbraba a acompañarle siempre. ¿Dónde habían ido?....y lo mas importante, cuándo volverían? Le daba rabia no poder decidir su estado. No poder sacar lo que verdaderamente llevaba dentro. Lo que le inhibía expresarse con sosiego y claridad. Rabia. Rabia absoluta. 

Hay veces en que Marta igual debería hacer más caso y no dudar tanto cuando le dicen que es guay, que hace cosas geniales y que desprende un buen rollo fantástico. 
Menos mal que el sol, siempre acaba saliendo.


lunes, 23 de abril de 2012

Te de canela.

Hoy....., hoy iba a contaros la historia de que nada es lo que parece, ni todo oro lo que reluce, y de los pasos complicados y decisiones exactas que hay que tomar en según que situaciones..., pero no, hoy no toca eso. Hoy es Sant Jordi, y aunque posiblemente para mi signifique un dia como cualquier otro, hoy, Barcelona parece que está más contenta y la gente sonríe mas por sus calles. Será casualidad. No se.

De eso que una pequeña y escueta conversación en el momento más adecuado, parece que como que da un giro inesperado al timón del barco.

- ¿Te hace un te?
- Ahora mismo, me hace lo que sea.
- Oc.

El día había amanecido bastante soleado y la temperatura era favorable para pasear. Ese iba a ser el primer 23 de abril que en años Marta no pisaba Barcelona. Sentía que ese no iba a ser uno de los mejores días del año, pero en fin, mañana sería otro día. Qué más da si era lunes, si era festivo y si era Sant Jordi. Era principio de semana, y había que trabajar. 
Pasar pagina y al toro por los cuernos, no era una de sus grandes aficiones, más que nada porque los lagrimones de sus mejillas así se lo hacían ver. Pero lo hizo. Un solo click y luego todo silencio. Y pensó: "algun día me reiré de todo esto".
Y de repente.... uno de esos momentos especiales, un momento con olor a canela, un momento de te, de charla y de distracción. Un momento que no sabes ni cómo ni por qué, pero te mola. Sí. Yo los llamaría....Momentos especiales de canela. 
Así me gusta llamarlos. Aunque estén llenos de noticias buenas y noticias malas y luego se callen. En realidad, ¿os digo un secreto? Cuando hay una noticia buena y una mala, la mala nunca es tan mala. Aunque haya silencio y se cambie de tema sin acabar el asunto de la buena y la mala. 
Igual es que mis impulsos no son tan raros, ni las cosas se hacen por un motivo en concreto, sino porque si y punto. Quizás han llegado a comprender a Marta. Y digo quizás, porque no lo se bien, pero creo que la han entendido. Sí. Hacer las cosas porque apetecen sin significado retorcido.

Y como la glándula lagrimal de Marta parece que tenga un mecanismo independiente y directamente ligado como primera respuesta a la emoción, pues ale, rienda suelta. Inexplicablemente beber de una misma fuente, nunca había sonado tan amistoso. Ni mucho menos, tan digno de ser agradecido. Aunque la impropia e idiota pregunta de ¿cómo estás? solo durara un par de segundos. En ese momento, le debía la vida. Pero sólo en ese momento. Y aunque haya gente que más vale decirle un  que te jodan a un simple gracias o un muchas gracias, pues eso, que te jodan. Y si eso, ya otro día, buso palabras más acertadas. Pero solo si eso. 
Marta nunca entiende la puñetera facilidad de algunas personas por dejarle con la boca abierta. Ahora, empieza a entenderlo.


Feliz Diada señores. A los Jordi.... y a todos los demás. 





[Siempre hay una rosa que sea cuando sea,
 esté como esté y pase lo que pase,
 siempre llega.
 La rosa blanca de papá.
 ¿Y sabéis qué? me encanta. ]


martes, 10 de abril de 2012

Good luck. O cómo ser especialista en Leyes de Murphy.

Sí, lo mío es ser masoca, masoca de remate. Primer día después de Semana santa. Síndrome postvacacional a flor de piel y sueño infinito con dolor de cabeza y picor de ojos incorporado. Cansancio acumulado por varias noches de tos y encima, mocos. Los mucolíticos del armario del baño de mi casa, definitivamente, no funcionan. La garganta me sigue picando y los mocos, siguen siendo igual de espesos, de igual color y exactamente con la misma cuantía. Y no, no voy a darle más vueltas al tema porque de mocos, todos sabemos, todos tenemos y ya somos conscientes de todas sus características. El caso es que llamémosle poca suerte o estado mental caótico, las cosas son así. Sí, ese es el mío. Caótico. Eso o un completo desastre.

Digamos que mi gran especialidad es levantarme a las 6 y media de la mañana para ir a clase el día que no hay clase, ya sea porque es Santa Apolonia, porque ese día resulta que al profesor no le ha dado la gana venir, porque las prácticas las han cambiado de día o porque he pensado que es martes en vez de lunes. O de eso que estás a punto de salir de casa para ir a la biblioteca con un sol radiante, y en el tiempo que vas al baño y vuelves, cae una granizada de mil demonios. Sí, esas son mis especialidades . Eso sólo tiene un nombre: Pringada. PRINGADA en mayúsculas. Pero ya estoy acostumbrada. No os penséis. 
Soy el vivo retrato de las leyes de Murphy, cuando algo puede salir mal, sale mal. Qué queréis, no nací con una flor en el culo. Cuando yo nací, sólo me repartieron un cupo de suerte y va a ser que ya la gasté. Vamos, que sobrevivir a 7 pisos de altura, digo yo que no es cualquier cosa... eso no es solo tener suerte, eso es tener mucha potra. 

Lo gracioso es que la suerte nunca va conmigo y eso que tengo a más de un amigo que me dice lo afortunada que soy. ¿Afortunada? Afortunada! Los cojones!, afortunado al que le toca la lotería, no a mi, que por no tocarme, no me tocan ni los tickets de regalo para comprar alimentos de interés en el Caprabo. Yo soy de las que siempre me hacen descuento en la compra de alcaparras. Y vamos a ver, yo alcaparras, como que no voy a comprar en la vida, señores.
Y si por una extraña circunstancia, los planetas se alinean, el cosmos está de mi parte y no llueve, truena o hay tormentón, resulta que los extraterrestres de marte nos vienen a invadir. Y si creía que ya nada podría salir peor....MEEEEC... me equivoco. Desde esta mañana, las 6 partidas de #Apalabrados que había empezado ganando de 20 puntos, resulta que me están apalizando con una diferencia de 30 puntos. #estupendoh.

¿Y aún creéis que yo, voy a tener chiripa en algún momento? #Claaaaro. Seguro que sí. Y no digáis que soy negativa porque no es cierto. #Positivizando. Siempre habrá un "no hay mal que por bien no venga". Eso sí, igual que Marta, yo, voy a seguir creyendo en las remotas, curiosas y sorprendentes casualidades de la vida.

[[Escuchando: Rafita Perestroika - Rafa Pons]]

domingo, 18 de marzo de 2012

Y cambiar el punto del libro a la mitad del cuento.

Y el pijama azul seguía en el armario. Cada mañana cuando Marta abría la puerta para vestirse, ahí lo veía. De repente se lo encontraba. Sentía que aquello se estaba diluyendo, desapareciendo, como si tantos momentos nunca hubieran ocurrido. Como si no hubieran sucedido. Melancolía en estado puro. Cienporcien. Muchísimos recuerdos de una historia de película, propia de un best seller. Ahora, el punto de libro estaba en la última página. Hacía sol, un excelente día primaveral y le venían a la mente unos patines en línea por la barceloneta. La brisa y las sonrisas le embriagaban ese instante y el alma. Y de repente, como si tal cosa, empezaba a llover. Y a llover y a llover. Tormentón. Con rayos y relámpago internos. Un respiro, y todo silencio. Ansiaba una cerveza fresquita de media tarde, de esas acompañadas de una conversación amistosa, cómplice e inquietante. De una comida de mediodía de esas que una mirada intercambiada decía más que cualquier palabra. De una cena acompañada de un buen vino que extasiaba toda razón coherente. Y un paseo. Y mil cosas más.

Un pijama que había explicado el cuento de un libro que se estaba licuando hasta desaparecer. Una mezcla de lo más homogénea. Que la cuchara dejara de remover el cóctel. Por favor. Desaparecer en la disolución no era el final que deseaba para el final del cuento. 

sábado, 10 de diciembre de 2011

Barcelona huele a Navidad.

Vamos a levantarnos un día de puente, le dije a Marta.
Hacía frío y amanecía algo nublado pero con ganas de brillar el sol. Me apetecía ir a pasear por la ciudad. Sí, yo sola. Tampoco necesito a nadie para recorrer mis ya conocidas calles de Barcelona. Pero siempre hay alguien que se apunta. Me encanta.

La ciudad estaba magnífica. Mucho ambiente navideño, mucho gentío, muchas idas y venidas y muy buena atmósfera. Todas las diminutas y escondidas tiendas de las calles del gótico medieval despiertan en mi gran curiosidad. Desde vestidos de los más inverosímiles hasta pomos de puertas de mil colores y formas. Ahí sí que puedes encontrar muchíssimas maneras de abrir puertas. Magnífico. Luces tenues, leves y sutiles que proporcionan un entorno muy acogedor. Me gustan esas tiendas. Banys nous, carrer de la boquería, carrer del call o plaça de Santa Maria del pi. Calles con encanto.

Y encontrarme casi por casualidad con un par de conocidos y enseñarles la ciudad con mis ojos. Mostrarles que una jabonería al lado de Sant Felip Neri puede proporcionarte olores de ensueño de la forma más especial, que la plaza es un secreto escondido y que adentrárse entre el barullo de la rambla te muestra un increíble rojo pasión con sus flores de pascua de estas fechaso. Y luego, caminar y compartir un chocolate a la taza en una muy buena compañía, buena conversación y complicidad absoluta. 

Pero ahí no acababa el día, aún me quedaba descubrir lugares nuevos. Y quién mejor para mostrármelos que el mejor guía de la ciudad que jamás he conocido. Lo curioso es que él no es de aquí pero te quedas boquiabierta cuando te lleva y te cuenta todo acerca de Barcelona. Una vinoteca. Creo que nunca había estado en una vinoteca. Zona d'Ombra. Así se llamaba. Ubicada en el carrer Sant domènec del call, 12. casualmente cerca de la tetería de la que ya os he hablado en otras ocasiones. 

Tanta cantidad de vinos que ni siquiera me dio tiempo a memorizar un par de nombres. Pero mi inigualable compañía parecía ser todo un experto en enología. Inigualable. Y caminar hasta el born, y perdernos buscando un lugar para cenar. Y una vez más la sorpresa fue mía al toparnos con el carrer de les Ases. Un Bar de tapas de lo más original. Una vez más, me sorprendo de  sitios escondidos. Gavinet. Nos ofrece una gran variedad de tapas, ensaladas, embutidos y tablas de quesos de primerísima calidad, todo acompañado de los mejores vinos catalanes. 

Y así acababa mi espléndido día, mi ruta de nuevos descubrimientos, en la mejor compañía posible y de la mejor forma. Creo que la próxima vez le diré a Marta que me acompañe, a ver si así, ella también se enamora de la ciudad como yo.

domingo, 28 de agosto de 2011

Marta siempre busca a alguien.

En el fondo todos queremos ser como Marta. Y Marta quiere ser como todos. 

Y es que al final, nadie quiere ser como es y todos quieren ser como es otro. O no. O si. O no se. 
La cuestión no es cómo queramos ser, sino cómo queramos que sean los que hay a nuestro alrededor. Marta tiene amigos, de eso no hay duda; buenos, no tan buenos, cercanos, algo más lejanos, de verdad, de pacotilla.... vamos, una amplia variedad que podríamos seguir etiquetando si de eso se tratara. Pero no. En realidad, para variar un poco, voy a contaros algo que Marta siempre dice. Y pide, y se deja llevar. Y busca un lugar de la ciudad dónde perderse y luego encontrarse, dónde hartarse, saciarse, y respirar.

Marta quiere disfrutar, reírse hasta no poder más; quiere a alguien que cuando se emborrache le lleve en brazos a casa, que le rompa y desgarre una y otra vez sus medias azuladas y que luego le compre otras. Que le haga el amor contra la pared y se meta con ella en la bañera, que se pierda para después rescatarla de entre los gigantescos y oscuros laberintos del callejero; alguien que monte sobre un majestuoso tigre blanco, que saque su espada y la defienda de espantosas víboras, crueles pirañas y temibles putas.
Alguien que con mil cajas de colores pinte y cosa disfraces en sus días nublados y los convierta en buenos y soleados, que no se enfade si no la entiende y no busque explicación concreta. Que le saque la lengua y le guiñe un ojo cuando se ponga tonta y le haga enmudecer hasta niveles inimaginables. Alguien que no piense que va a estar ahí para siempre pero que tampoco nunca lo dude. Que no le haga sufrir porque sí, pero que tampoco alardee y le venda amor eterno manoseado. Alguien que no la compre con fabulosos regalos pero que tenga mil detalles en papel pegados cada mañana en la nevera cual post-it amarillo se tratara. Que nunca disfrute viéndola llorar y le haga reír cuando las ganas sean nulas y ausentes.
Alguien que una noche decida perseguirla por las calles, la detenga, la mire y trate de conocerla de nuevo, que la coma con la mirada, que ella lo sienta y le tiemblen las piernas sin control. Alguien que esté loco por ella y no se olvide de decírselo los días de resaca, de trasnoche infinito y amaneceres de jolgorio. Alguien que nunca se canse de inventar nuevos nombres para despertarla, que si se pone animal, que solo sea en la cama y le asfixie a besos por la mañana.



Alguien que deje guiar sus pies, que se deje llevar a dónde sea sin preguntar a dónde va, ni tan siguiera si sabe que la dirección es el huerto de la esquina. 



Y es que Marta, en el fondo, mola.

viernes, 24 de junio de 2011

Control descontrolado. Déjate llevar.

Hacer las cosas como si no existiera un mañana, como si fueras a morir hoy, como si creyeras que nunca más pudieran volverse a repetir. Así me gusta vivirlo, sin control, sin relojes, sin prisa, sin tiempo ni espera, sólo en esencia, con total disfrute, ansia y deseo. Cómo si todo se redujera a una sola aspiración seguida de una espiración; un suspiro cercano, de bienestar, intenso, agradable y muy amistoso.

Correr por curvas de caminos entre montañas, con la intensidad del viento chocando contra ti y una mano amiga que te presione con fuerza y te diga que también quiere disfrutar. 
Marta me dice en todo momento  que me paso la vida intentando sacar lo mejor de todos y obviar lo más fastidioso y maniático. Y siempre, con una sonrisa en los labios para ver si así, consigo contagiarla a los demás. Me gusta mirarles, probar de llegar hasta la parte más interna de su pupila y hacerles entender que incluso la culpabilidad, el estrés o la tristeza no tienen sentido en esos momentos, que cuando estás viviendo intensamente ese instante en el que te encuentras, todo lo demás queda relegado, en segunda posición y sin apenas importar.

Muchas veces sentimos la necesidad de tener el control de las cosas, porque se supone que el control está anexo, adyacente, contiguo a un clip, una grapa, un enganche que lo une a cómo deben de ser las cosas. 
Tener el control no es más que controlar que se hagan las cosas de acuerdo a cómo lo decide alguien. ¿Pero quién establece la manera a cómo tienen que ser las cosas? 
Y es que es precisamente en uno de esos momentos tan inseguros, tan intensos, nerviosos, sorprendentes y repentinos en los que no piensas lo que está bien y lo que está mal, cuando deberías dejarte caer sobre una amplia, coloreada y sedosa manta india y sentir que lo más fabuloso y desbordante es que en ese instante, no controlas absolutamente nada.

Porque queréis que os diga una cosa? Muchas veces, el descontrol más inseguro, te puede proporcionar una seguridad absoluta.

domingo, 19 de junio de 2011

El momento.

Era un día de sol, sin nubes en el cielo y un golpe de viento que enseguida te podía embriagar los sentidos. La combinación de colores azules, verdes y caobas parecía casi imposible, pero en esencia, juntos quedaban de vicio. Olía a mar, a espuma blanca, a arena de la orilla y a hierba mojada, a brisa de gaviotas y a niebla en el horizonte.
 
A lo lejos, por el camino que surcaba la colina se oían unas motos grandes, potentes y  poderosas acompañadas de su estruendoso acelerador. El barullo de aquellos caballos motorizados sabía a libertad y a locura.

Ese día, a Marta se le había ocurrido ponerse medias, de textura fina, delicada y lisa, tan delgadas que incluso podía sentir el aire rozando sus rodillas. Nunca hubiera imaginado, ni siquiera en esa misma mañana soleada, fresca y primaveral, mientras preparaba su maleta de tonos verde pistacho, que incluso los momentos más inesperados te pueden regalar un instante sorprendente. 

Ese había sido un buen momento.

lunes, 23 de mayo de 2011

Perfiles apropiados.

Me gusta hablar, me gusta escuchar, me gusta discutir, pero creo que lo que más me gusta es opinar. Igual me gusta demasiado e igual debería gustarme menos. El caso es que a lo mejor debería considerar la opción de callar mis opiniones, porque al final acabo pasándome de listilla y puedo llegar a incomodar hasta puntos infinitos.

Soy muy fan de dar por sentadas muchas cosas, de hecho casi todo y es que ser peliculera siempre ha sido una de mis mayores aficiones. A partir de ahí, ya creo mis historias. 
Y es que no puedo evitar observar a las personas, mirarlas, describirlas mentalmente y crear un perfil apropiado a ellas. Qué pasa, que nunca lo habéis hecho? ¿Ni tan siquiera intentado? Aunque creáis que esto es una manera de calificar, en ningún momento estoy prejuzgando a nadie. Yo no prejuzgo, yo solo creo perfiles. Perfiles apropiados. Y a veces acierto, otras muchas no, y la mayoría de veces, si me dejan, me doy cuenta que tampoco voy tan mal encaminada. 

Porque qué queréis que os diga; las miradas, los gestos, las formas de comportarse, de hablar, la entonación, incluso la manera de sonreír te describe por fuera, pero también por dentro. Sólo es cuestión de observación. Y luego, si me lo permiten, intentar conocer. Eso es lo más importante.

Así conocí yo a Marta. Primero la vi, luego la observé, luego intenté conocerla y al final se dio cuenta de que no éramos tan distintas. Y nos descubrimos mutuamente. 

jueves, 28 de abril de 2011

Degustando el paladar.

Profundizando en uno mismo.

El otro día, para matar mi curiosidad de por qué no había sabido de ella en estas últimas semanas, al final llamé a Marta. La noté algo fastidiosa. Cómo quejiga de la vida. Floja. Cómo aturdida de todo. En fin, rara raríssima.
Parece que últimamente está teniendo más tiempo de lo habitual y le está dando más vueltas al tarro de lo que debería. Yo siempre le he dicho que eso no es bueno, que pensar, reflexionar y recapacitar es una de las peores cosas que uno mismo puede hacer para pasar el rato. Mujer!, que hay muchas cosas qué disfrutar!
Al final, después de insistirle una y otra vez, me dijo que hay veces en que no le gusta ser como es. Ay caray!, a nadie nos gusta ser como somos! o al menos, nadie está contento con uno mismo. Nunca. Pero ella decía que menos, que sí que es verdad que con el tiempo ha cambiado algo, que ha aprendido a controlar según qué reacciones y que más o menos puede sobrellevarlo.

Seguía sin entenderla. Yo siempre he conocido a la Marta correcta, entusiasta, alegre, sonriente y valiente. Ésa que se atreve a todo y que hace reír al más desconsolado. Y ésta desprendía cobardía hasta por las orejas. Quizás había sido el tiempo de los últimos días, tan lluvioso y gris que angustia a cualquiera. En eso nos parecemos ambas. Ya veis, la meteorología de la vida, que nos afecta.
Le dije que no quería verle así. Menos mal que Marta me conoce y sabe como soy; en el momento que abrí la boca para animarla, cualquiera hubiera dicho que estaba enfadada. ¡Que no! que he hablado de ello un millón de veces, lo mío no es hablar calmado y silencioso, ya lo sabéis. Aún y así, escuché su voz un poquito decaída. De la risa profunda, nada de nada. Muy migrañosa toda ella.

Traerla a dar mi paseo habitual dónde yo suelo hacer eso de "encontrarse a una misma" por mi recorrido particular, no era posible esta vez así que se le ocurrió tomarse unos días, coger carretera y manta al sonido de la música, sentarse cerca de un lago bajo la sombra de un árbol y leer un libro, escribir en su pequeña libreta y mirar al horizonte. Tenía que cambiar un poco esa rutina adquirida y darse unos lujitos. Masaje por aquí, bañito por allá, alegrar el paladar y los sentidos.

De vez en cuando todos deberíamos tomarnos un rato para mirar(nos) desde fuera, perdernos y volver a encontrarnos. Igual así nos pareceríamos un poco más a Marta. Igual nos daríamos cuenta que incluso los mas fuertes, también decaen. Que los miedos y la cobardía nos llegan a todos. A ver que os pensabais.

Pero tranquilos, que de todo se sale. Que todo pasa.

:)

domingo, 24 de abril de 2011

#elchiste.

Vale, ok, esto va a ser corto.
Estos días mi casa de Molins parece un chiste.
Veréis.
"Esto es un mexicano, una catalana, y un valenciano ....."
Sí, sí, ya se...no os resulta gracioso, pero a mi me lo parece. Esto de que en esta casa estén conviviendo 2 mexicanos, 2 catalanas y un valenciano y que a pesar de discutir acerca de cómo mata Sant Jordi al dragón; a pesar de decirle directamente y sin contemplaciones a un valenciano que su forma de hablar no es un idioma y que me suena feo; y a pesar de llevar a un mexicano durante 7 horas al museo de la ciencia y no morir en el intento.... parece que aquí hay calma, buen ambiente y buenas conversaciones. Sonrisas, risas, silencios, películas que gustan y programas que nos parecen graciosos (porque sí, después de no se ni cuánto tiempo ya, en Molins, vuelve a verse la tele. Curiosamente, ahora que Aaron venía, a alguien se le ocurrió comprar una de esas antenas portátiles. Y sí, la tele volvió. Eso sí, sin antena3 y sin tele5. Lista de canales televisivos que muchos querrían en sus casas. Sobretodo mi tío. Pero claro, a mi tía no creo que le hiciera mucha gracia. La tele sin t5, no es la tele.)

En fin, que están siendo buenos días, que del jetlag ya ni me acuerdo, que los paseos por la Barcelona que a mi me gusta están siendo estupendos. Enseñar Barcelona a mi manera a alguien que no conoce esta ciudad, creo que no se me da nada mal. Ya se sabe por aquí que tengo una extraña adoración por el gótico, el born y el raval. Y nada como transmitirlo.

¿Y sabéis lo mejor de todo?
Que momentos como todos estos, no me los quita nadie. Nada como hablar en catalán durante más de 15 minutos con un indio, casado con una catalana mientras haces cola para entrar al museo con un mexicano. Nada como dormir una siesta al sol en los bancos de la Plaça de la ciència, dentro de un museo, con Aaron pegado a mi cabeza y roncando como un machote. Nada como llegar a casa y encontrarme a Montserrat y Jaume en plena partida de monopoly con mis primos (partida que yo llevo atrasando desde tiempos inmemoriales).

Jaume mola.
Montserrat obviamente mola.
Gera mas.
Y Aaron...., bueno, Aaron es el amigo de Gera más chido. Creo que hoy ha sido el día que más tiempo he pasado con él desde que nos conocemos y no ha ido tan mal. Al menos, aún no está llorando. Y sabéis qué.... creo que voy a presentarle a Marta, que por cierto, hace días que no me llama.

martes, 5 de abril de 2011

#findevasco.

Unas plantillas para los pies eran el motivo principal por el que la señorita curiosa salía ese viernes de buena mañana hacia el aeropuerto de Barcelona dirección Bilbao. Eran las 5 de la mañana cuando el HTC empezaba a bailar al son del odioso despertador de todas las mañanas.
En ese preciso momento odié una y mil veces no haberme gastado 30 euros más para salir dos horas después. Es lo que tienen los vuelos baratos, que para ahorrar, hay que madrugar.

Todo bien, llegué a la terminal 1, me bajé del coche, despedí a mi madre, le di las gracias por acompañarme y entré al aeropuerto. Diez minutos después me di cuenta que llevaba sus llaves en el bolsillo de mi chaqueta, pero ya era demasiado tarde. Yo ya estaba esperando en la cola del control de seguridad y ella ya había casi llegado a casa. Ahí me di cuenta de lo que siempre me dice, que soy un puñetero desastre. Y te preguntarás que ahora por qué?; bien..., pues antes de ir hacia el aeropuerto, al salir de mi casa, bajar con el ascensor y mochila en mano, la Clara se había dejado los billetes encima de la mesa. Ese era el motivo por el que tenía sus llaves.

En fin; en el aeropuerto, poca relevancia..., igual un par de cosas destacables.... la cantidad de personas que les da por viajar a las 7 de la mañana en tiempos de crisis me parece absolutamente impresionante (eso es que no viajo mucho, ya ves) y lo otro.... se ve que siempre, siempre, siempre, sea por lo que sea, sea cuando sea y toque donde me toque ir, a la Clara siempre tiene la suerte de que su puerta de embarque es la que está más lejos, a la que no se puede llegar con cintas mecánicas y la que está menos indicada. Suerte la mía.

Y allí llegué. Me esperaban en el aeropuerto, con la sonrisa de siempre y bañado de azul. Un fin de semana por tierras del norte genial. Mirador en acantilados, playa de Laga, juegos con Nora y Erik por colchones en el suelo, baños en el mar cantábrico a principios de abril, bailes típicos, paella "a la vasca", hamburguesas en el bar del pueblo, paseos, excursiones con lluvia, niebla que da miedo por Orduña, baños en balneario de agua salada, fotos en la moto, paseos por la gran vía y pinchos en el casco viejo. Vamos, todo un #findevasco sensacional.

A Marta voy a tener que contarle que hay amistades infinitas que son realmente curiosas. Que hay hombros que se prestan solos y que hay manos que estrechan las tuyas cuando hace falta. Que hay abrazos que resucitan a un muerto y que hay conversaciones que sientan como una brisa primaveral de abril.



Fantástico.
Siempre dije que el norte me sentaba bien.




Eso sí, nunca dejes que un par de vascos te reten. Aunque sean dos pequeñajos.