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lunes, 29 de octubre de 2012

El cielo o el infierno, una de dos.


Amigos. Amistad. Aprecio. Cariño. Cosas especiales. Ganarse el cielo. O quizás el mismísimo infierno. Cruzar la línea sin darte cuenta. Meterte en arenas movedizas sin poder dar marcha atrás. Cuando las cosas vienen rodadas, ya no puedes decir que no. Sin querer. Una cosa lleva a la otra. Pum. Ahora ya lo tengo. De la forma más espontánea. Inocente. Simple. Con sonrisa. Con emoción e ilusión. 

¿Dónde esta el límite y cómo se hasta dónde puedo/debo cruzarlo? 

Chungo. Difícil. Miedo. Expectativa. Secreto. Curiosidad. Imaginar mil y una vez ese momento. Saber que puede ser una despedida. Un hasta luego. O un hasta siempre. Ahora ya está. Lo hecho, hecho está. Sólo queda esperar. 

A ver que pasa. 

martes, 4 de septiembre de 2012

Noches de escándalo. #holidayspartII

Bilbao. El norte huele a cantábrico, el aroma de aire fresco que siempre invade todos mis sentidos cuando voy hasta allí. Y esta vez no iba a ser menos. Días de tranquilidad, paseos, comidas, cenas, ratos de sofá y dormir, dormir mucho. Con Jr, siempre se está estupendo. Pero este año...este año iba a presenciar, las Aste Nagusia 2012! Vamos, la fiestas mayores de Bilbao. 
Muchos conocidos me habían hablado de ellas, pero de todas las veces que había subido al País Vasco, jamás coincidían fechas.

La noche empezó de la forma más placentera posible. Un bocadillo de chorizo bilbaíno iba a preparar la que yo creía que sería una corta noche de un par de horas hasta ver los fuegos artificiales.
Tengo que decir que los bilbotarras no beben en vasos normales. Ya lo dicen, los vascos son unos exagerados y como tal, vasos de medio litro. Toma ya. Sorprendentemente, el primer Kalimotxo (sí, con k y tx), me sentó de maravilla. Al pan del bocadillo, con ese chorizo, le iba muy bien. Todo para dentro! Y cuando me daba cuenta, el vaso volvía a estar lleno. Señores, a verrrr... Que yo no se cual es mi límite.... Cuidadín! 
Y tras finalizar la fabulosa cena, nos despedimos de las chicas con las que compartíamos el rato y nos fuimos a buscar a un par de ya conocidos para mi. ¿Conocidos? Vale, sí, solo de oído. Y de repente, fue verlos, intercambiar unas pocas palabras y sentirse como en casa. Increíble. Unirse a ellos fue una de las mejores cosas que hice en esa noche y Joserra, ya lo sabía. Me dejaba en buenas manos. Fue una noche increíble. 

Y así..., descubrir cómo dos muletas son capaces de ser la mejor silla de descanso en medio del un tumulto extasiado de fiestas. Y sorprenderme una vez más, viendo en alguien que no soy yo, que la fuerza interior hace maravillas. Con las ganas y el querer vivir, se va a cualquier sitio. Te lo digo yo, que de eso, se un pelín. 


Decir que tipos de ese calibre, no se conocen así como así; de esos que en un santiamén pueden nombrarte Diosa del Olimpo y de repente hacerte sentir como si los conocieras de toda la vida. Contarte que esquiar es una aventura al alcance de cualquiera; que si yo quiero, se me pueden hacer unas estupendas y cómodas botas a medida. Explicarme que son capaces de tomar un café, y al día siguiente estar viajando a NY, así, sin meditar. Improvisando. 
Me gusta esta gente. Sin prejuicios, espontánea, muy simpática, abierta y sonriente.

Intentos de boas fucsia al cuello, de sombreros brillantes, risas a tutiplén, fotos prohibidas, conversaciones de lo más excitantes y secretos inconfesables cual más emocionante mejor, se disfrutaron con varios gintonics que caían del cielo.....momentos que crearon una noche que duró hasta la salida del sol. 
Bueno, la salida del sol y mas allá. Porque sólo un par como ese, por muy perjudicada que estés a las 7 de la mañana, es bastante difícil que lleven a una desconocida a casa, te metan en una cama y te preparen el desayuno a las 12 de la mañana.


Y no, no se dónde está mi límite. Pero.....¿Alguna vez lo he tenido?



PD. Os espero pacientemente impacientemente para hacernos de guía por la ciudad.
 Así que ya estáis organizando una repentina salida a Barcelona.

viernes, 4 de mayo de 2012

Filtros característicos.

Filtros. 

¿Qué son los filtros?

Las personas estamos acostumbradas a filtrar y limitar casi todo cuando hablamos con alguien. Es algo de lo mas normal, no te creas. Obviamente, a nadie le importa qué cenaste ayer por la noche, cuántas veces vas al baño o la talla de pantalón que gastas desde hace medio año. Y menos, al vecino de la escalera de enfrente. A pesar de eso ( y menos mal), no todo el mundo es el vecino de la escalera de enfrente y hay ocasiones que, personalmente, me gusta esquivar esos filtros. Saltarlos. Derribarlos. Vamos, eliminarlos por completo. 

 Marta siempre dice que tengo una gran facilidad por meterme de cabeza entre filtro y filtro; en dirigir la conversación a donde yo quiero llevarla; en inmiscuirme hasta lo mas recóndito sin apenas darme cuenta. Y es que es eso, no me doy cuenta. No me doy cuenta y ya estoy hablando de lo más personal. En ocasiones, me tengo que frenar los pies, ( ni que sea por un breve momento) y me digo a mi misma: Clara, detente, piensa un segundo. Esto es raro, poco convencional, gracioso, curioso, incluso algo extraño. Muchos podrían adjetivarlo de retorcido, pero no. No creo que sea algo retorcido, simplemente soy así. Sin segundas. Me gusta lo poco convencional. Mi amiga la rubia a menudo me dice que algunas de mis amistades son algo peculiares. Sí. ¿Y qué? lo acepto. Admito que para el resto del mundo según que situaciones no están dentro de los varemos establecidos socialmente. Pero sinceramente, este es un tema que me cansa. ¿Los varemos establecidos por quién?. Bah. 

No soy una sabelotodo, ni una listilla ni mucho menos una cotilla. A ciencia cierta puedo decirte que aparentemente es simple y sencillo hablar conmigo. No te corto mientras hablas, escucho lo que me cuentas e intento opinar cuando hace falta de la forma mas objetiva posible. Me fijo en las pequeñas expresiones, los movimientos mas sutiles y en si verdaderamente hay comodidad en el ambiente. Comodidad. Claro que sí. Porque cuando uno está cómodo, los filtros, desaparecen. Te lo digo yo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cuando unas galletas de chocolate te hacen pasar una estupenda tarde.

Subes a un bus que supones que te va a llevar a un lugar donde has estado antes pero que siempre has llegado en transporte particular y con poca luz del día. Digo supones porque ir hasta esa parte de la ciudad siempre es todo una odisea. Nunca sabes si es para una dirección o para la otra y teniendo en cuenta que mi orientación para recorrerme la ciudad por lugares parcialmente desconocidos es nula, decidí subirme en la parada que iniciaba la linea de bus para así no perderme.

Después de ir mirando los nombres de cada parada me dije, "me voy a equivocar seguro" y me bajé basándome en la improvisación de mis recuerdos. Llamas al timbre de un portal y te responde una voz familiar pero que nunca habías conocido. Le dices: "soy Clara". Te abre. No sabes cómo es, ni cómo va a mirarte, ni que va a pensar de esta chiquilla de 24 años. Subes en el ascensor y la puerta está abierta. Te estaban esperando. Y como si de una cariñosa y simpática abuela se tratara te invita a pasar. Dejas tus cosas en un sofá y asintiendo a todo lo que te dice, te sientas en una de las sillas de la cocina. Son las 7 de la tarde, hora de la merienda y te dice que si quieres unas galletas de chocolate y un zumo de frutas. Increíble. Te sientes como una nieta más una tarde de otoño que vuelve del cole. 

Mientras meriendas, se sienta frente a ti y como si te conociera de toda la vida, te habla de la forma más cercana y especial que puedas imaginar. Entonces es cuando piensas que esta mujer no es muy distinta a ti, que verdaderamente hay personas que ven la vida como yo la veo, que hace las cosas porque sí y que no hace preguntas excesivamente comprometidas. Acabamos hablando de bufandas, de ganchillo, de accidentes de la vida, de lo maduras que son las personas y de los años que pasan; de divorcios tortuosos, de hijos imbéciles y de la adoración a los nietos; de la barra de marcadores del explorador, de twitter, de facebook y de qué es un post. Y todo con un tono de lo más jovial, juvenil y sin tapujos. 
De repente me confiesa que ha leído poco de este blog pero que es  una gran fan y me hace prometer que seguiré desarrollando mi capacidad para escribir la cotidianidad. 

Solo puedo decir que es un encanto de persona y que ojalá cuando mis pocos 24 años lleguen a más del doble, sea así de genial, capaz de gritarme mientras busco una dirección en el google maps y desorientarme con indicaciones absurdas al teléfono. 

lunes, 10 de octubre de 2011

De cenas improvisadas a películas gore y el arte de ser encantador.

Esta mañana, mientras estaba en mi puesto de trabajo, concentrada en hacer las cosas bien, me pareció oír una voz que decía: Solo de Loewe. Me sorprendió. ¿Qué hacían hablando precisamente de ese perfume, a esas horas de la mañana y con esta entonación tan singular? Seguí en silencio y escuchando la conversación. El olor me vino a la mente y no pude evitar sonreír y acordarme de la noche del viernes. De repente, alcé la mirada y les dije, "una vez alguien dijo que con esa colonia, un hombre ligaba seguro." 
Mi compañera de trabajo me ha echado una mirada furtiva intentando descubrir si tras mi frase se escondía algún mensaje. Pero no. Yo ya estaba pensando en la gran velada del viernes.

Todo empezó con una llamada a lo desesperado. Mi móvil hacía rato que se estaba quejando. Low battery. Y yo no me acordaba de la calle y del número a dónde tenía que ir. Al final, lo hice. Esa ha sido la primera vez que he cogido un taxi en Barcelona. Sí, ya ves, como te lo digo. Curioso. Tras dar una cantidad que me pareció excesiva al taxista por los 5 minutos de trayecto, llegué. Subí y como es habitual en mi cuando me lo permiten, yo, cómo en casa. Me metí en la ducha de un baño ajeno mientras fuera oía conversaciones amistosas acompañadas de una copa de vino. Como si tal cosa. 
Esa noche iba a ser una cena más de todas las #cenas4sq, solo que esta vez iba a ser algo diferente y pintaba muy curiosa. Y de 4sq nada. Después de que uno de los asistentes cancelara, había que improvisar. Y esta vez, tenía un as escondido bajo la manga, mi amiga Ainara. Ya se sabe que a mi me encanta aventurear y a veces, incitar y hacer sonreír a Ainara, cuesta más de lo que me gustaría. Pero se había animado. Pensé, ¡estupendoh'!.
Después de mis indicaciones absurdas y de demostrar que mi orientación es nula, una moto tuvo que ir en busca de un coche blanco entre los callejones de la parte alta de la ciudad. 

La verdad, no esperaba nada de esa noche, pero si conseguía que ella bebiera su primera cerveza y se sintiera cómoda, la noche, prometía muchas risas. Y así fue. Un restaurante arrinconado en una esquina, una terracita muy agradable y mucho don en el arte de colarse en los restaurantes crearon el ambiente adecuado para mezclar producciones de películas gore, autopsias, Badoo, carreras de coches, matrimonios, divorcios, relaciones a distancia, la sosería, abogacía, los espacios necesarios para las personas, dientes, motos, rubias, morenas, chistes y un sinfín de temas que a primera vista no pegan ni con superglu. Pero ahí estábamos, cuatro individuos, charlando, riendo y disfrutando de la velada. 

Y una vez mas, me di cuenta que sólo personas como ellos pueden hacer que un Gin tonic enganche y entusiasme tantísimo. Y es que ellos fueron los que una vez me enseñaron la ciencia de las copas globo. Ellos me iniciaron y las manos del barman italiano me mostraron todas sus variedades. Lo habíamos pasado bien y sin duda, cuando se pudiera, íbamos a repetir.


Ya es que ya lo dicen, los Gin Tonics enamoran, tienen algo especial, pero lo importante es con quién te los tomes.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La indiscreción.

Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí.
Oscar Wilde