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miércoles, 27 de mayo de 2015

#Changes.

Los cambios se acercan. 
Marta siempre ha dicho que la vida está llena de cambios. Que sin ellos, jamás progresaríamos. Que vivir de la misma forma siempre, es aburrido. Que a veces hay que renunciar a lo que eres, por lo que puedes llegar a ser. El cambio es la esencia de la vida. Siempre hay que arriesgarse más de los que los demás creen seguro. Cuidarse a una misma más de lo que los otros creen que es razonable. Soñar mucho más de lo que los demás creen que es práctico y esperar infinitamente más de lo que las otras personas creen posible. 

Aún recuerdo como si fuera ayer el primer día que pisé Lloret de Mar. Recuerdo sentir la misma sensación que cuando me lancé al vacío haciendo parapente. Un sinfín de sensaciones y emociones que siempre guardaré en un rinconcito de mi ser. Era algo nuevo y a lo que me enfrentaba sola. Y tenía muchísimas ganas de aprender. Lo que no sabía es que lo haría tan rápido. Y la verdad, estoy muy contenta de ello. Se que tengo mil y una infinidades por aprender pero el primer choque contra la realidad, me lo dió este pueblecito que todos creen lleno de guiris pero que yo lo he hecho muy mío. 

Ahora es el momento de volver a cambiar.  De sentir esa sensación de nervios. De descubrir una nueva experiencia. De cambiar de lugar, de pueblo, de casa y de trabajo. De progresar. De vivir esas cosas que en un momento u otro te dejan sin aliento. Porque en realidad la vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento. Y los cambios, siempre lo hacen. 

[[Cuando me siento bien. - Efecto Pasillo.]]
Sonríe :)

viernes, 9 de enero de 2015

2015. Repaso dosmilcatorce. Parte I

Hola hola.
Vaya! Mi primera entrada del 2015. ¡Yey!
Mi madre el otro día me decía que este año ha echado de menos mi típica carta de reyes anual. Le dije que yo también. Pero es que estas navidades han sido una locura. Tiempo 0. Igual que la víspera de reyes del año anterior. Ni carta ni nada. Pero mil deseos. Mil deseos que en este dosmilcatorce han hecho que por muchas cosas haya sido mi año. Un año, sin duda, lleno de aventuras. Unas más, otras menos, pero aventuras. 

Enero estuvo repleto de miedo. Miedo escénico. Miedo laboral. Miedo infinito a la distancia. De padres, de amigos, de gente importante para mi. Nuevo lugar. Nuevo trabajo. Nuevo entorno. Miedo a lo desconocido. Miedo. Pero sorprendentemente fue un mes lleno de positivismo. 

Febrero vino con mi asentamiento, algo más de tranquilidad, cervezas con mis nuevos compañeros, mi cumpleaños, momentos especiales en pequeños rinconcitos por barcelona. Un mes digno de ser marcado con estrellita en mi calendario. Marta siempre dice que lo que no me pase a mi no le pasa a nadie. Cosas raras. Casi de película. De historias de los best sellers más intrepidables. Cosas raras. Surealistas. Espontáneas. Extrañas. Curiosas.
Sólo tres segundos serían suficientes para despertar esas inmensas ganas de hacer una pequeña gran locura. Tres segundos frente a una pantalla, con un mensaje casi en blanco directo al cerebro.  Comunicación no verbal, le llaman. Y así, casi sin quererlo, conocí a una persona magnífica que me hace sonreír y engrandecerme como la que más.

Marzo fue el mes en que tras 15 años, me subí sobre unos esquís. Sí, sí...yo, la Clara, sobre la nieve. Monguer, patosilla, miedosa muchas veces y terriblemente lanzada en  otras. Los esquís, las vistas, la gastronomía, la compañía, la nieve, los nórdicos blancos y mis increíbles ganas de superación de aquellos 4 días, hicieron de marzo, un mes de total aprendizaje. De comprobarme a mi misma, una vez más, que podemos ser capaces de cualquier cosa, incluso cuando durante años te han dicho que jamás podrías esquiar.

[...]

lunes, 27 de octubre de 2014

Pastelitos y flores.

Trabajar bien, no cuesta tanto. Y sonreir a los pacientes, tampoco es tan dificil. Miles de veces he oído eso que los dentistas son bordes, serios, aburridos, con mala leche y con cara de "lo que voy a hacerte va a dolerte un huevo y medio".

¿¡Por qué!?
No lo entiendo. En serio.

Pero..., sabéis qué!.... los dentistas (al menos, los dentistas como yo) ni somos malos, ni tenemos la intención de dar miedo, y mucho menos queremos hacer daño a nadie. La anestesia se inventó para algo, no? Pues eso. Y en serio, sólo es el pinchacito. Un mal menor para evitar un mal mayor. 

Os aseguro que es tremendamente distinto pinchar sonriéndole al paciente que con cara de mala leche.
¿Tan difícil es sonreir?
Me gusta llevarme bien con mis pacientes. Crear ese vínculo que creo indispensable para el trato con el odontólogo. Alguna vez he escuchado que hay que marcar ciertos límites. Tú eres el doctor y ellos los pacientes, dicen. 
Estoy de acuerdo. No lo discuto. Pero simpatizar con ellos, tratar temas que no tienen que ver directamente con su boca, "crear la conexión", lo llamo yo. ¿Desde cuando es incompatible ser simpática y trabajar bien? Desde nunca.


Tengo que admitir que el otro día, cuando me di cuenta que una paciente había cogído hora sólo para preguntarme cómo estoy, para decirme lo bien que le está yendo el tratamiento que le hice y para traerme una planta....me hizo muchisima ilusión. Supongo yo que eso quiere decir que tampoco hago las cosas tan mal. 
Aunque fué mejor el momento en que uno de mis pacientes a primera hora de la mañana, me trajo el desayuno.. Ricos y deliciosos pastelitos de chocolate. Aix...! Si es que son un amor!

Y a todo esto....¿Sabéis lo más curioso? Mientras le realizaba una higiene, me dijo: "el otro día, cuando leía e iba de blog en blog por internet, acabé en Cosas de una Tía Curiosa, y me di cuenta que eras tú. Te pasan muchas cosas a ti, no?". Imaginaros cual fué mi cara. Vergüenza máxima. Luego, pensándolo mejor, me hizo hasta ilusión. #Pacientesque descubren tu blog sin que tú lo sepas. Yey. 

No se, es guay. 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Conversaciones conmigo misma en el tren.

En realidad, tengo que reconocer que me gusta ir en tren. El traqueteo me relaja. Sobretodo a estas horas de medio sol. Me da en la cara y es agradable. Son las 18:15 de la tarde, es viernes. Veo el mar desde el vagón y en cada estación, absorvo su brisa marina desde aquí.

El tren me ayuda a pensar, a ordenar mis ideas, a volver a mis orígenes, a darme cuenta lo que ha cambiado todo. Extraño muchísimas cosas. Me da tiempo para dar vueltas a historias y pensamientos que el día a día no me deja, y eso, me gusta.

Me pregunto cómo estarás tú, como estará ella o cómo le irá al hermano de la vecina de en frente. Todas esas personas que sea como sea, siempre serán importantes en mi vida. Y sonrío. Sonrío porque es lo único que siempre he sabido hacer. Y me gusta hacerlo. Sólo porque sí. Y para mi misma. Marta siempre dice que por más que haya mil cosas por las que estar triste, siempre habrá una más por la que sentirse feliz. Y las hay. De una forma u otra, deseo que todo esté bien. Además, es viernes. Y los viernes no son como los domingos. Así que, momento zen.

Miro el reflejo del cristal. Me veo a mi, con cara de cansada, una trenza al lado y el flequillo resbalando sobre mi nariz. Me hace cosquillas. Me acuerdo en un gran amigo que una vez le dió importancia a mi flequillo, tanta que me lo puso de mote. Vuelvo a sonreír. La semana ha sido dura y el día de ayer ni quiero recordarlo pero sabéis qué, hoy es viernes y me voy de cena. Entre amigos, risas y buen vino, todo lo negativo, se desvanece.

domingo, 6 de julio de 2014

Tocando los cojones. O algo. Con una flor en el culo.

Con 27 años, y tras un breve y corto trocito de mi vida, he podido llegar a la conclusión que existen 3 tipos de personas en este mundo; las que viven, las que mueren, y a las que les gusta tocar los cojones. A ese último grupo, sin duda, es al que yo pertenezco.

Cómo ya es sabido por todo el mundo, hace 15 años a mi inconsciencia juvenil le dio por hacer puenting sin cuerda y sobrevivir para contarlo. Y esas cosas. Con dos cojones. Todos los que me conocéis, habéis sido testigos de mi evolución, en grandes o pequeños fascículos. Pero para los que no hayáis tenido suficiente, tengo que deciros que el lunes pasado, volvió a repetirse algo muy similar; algo que una vez más, demuestra que los que tenemos la peor de las suertes, nacimos con una flor en el culo. O algo.

El día 30 de junio del 2014, ocurrió algo que si me hubieran filmado, bien sería propio de peli de acción. Morir era lo mínimo que podía pasarme. Sentir como el coche en el que vas montada revienta una rueda, empieza a dar vueltas de campana, choca contra el quitamiedos derribándolo y cae dos metros y medio estampándose contra un muro de hormigón, es propio de peli de Hollywood. En aquél momento, con el coche cabizbajo, mi cuerpo colgando del sillón y mil cristales rotos en pequeños trocitos sobre mi piel, di gracias a todos aquellos inventores del cinturón y de los airbags. Ellos me habían salvado la vida. 
Os prometo que no me esfuerzo en poner a prueba mi vida. En serio. Son cosas que me ocurren sin querer. Prometo que no pretendo demostrar que un humano puede ser igual que un gato. Lo de las 7 vidas, que se quede en 5. Lo prometo.

La chica de hierro. Eso fue lo primero que dijo la doctora que me atendió en una de las 5 ambulancias a pie de la autopista. Ella y las demás 20 personas que me miraban con los ojos como platos. A las ambulancias las acompañaban 3 furgonetas de mossos, 2 camiones de bomberos y un helicóptero que estaba en camino. Y yo allí, caminando sobre mi propio pie, con el coche de mi padre hecho una hamburguesa y como única preocupación que ningún diente se me hubiera roto. Vamos, que la había liado parda. De nuevo. Y sin quererlo.


Unos dicen que mi sangre fría hizo que saliera de ahí. Que a pesar de estar colgada del cinturón y con muchísima tierra en todos los orificios de mi cara, me pusiera a recoger y guardar todo lo que había dentro de mi bolso había sido una locura. Otros piensan que estoy zumbada por estando en esta situación, comprobar que mi ipad no había muerto. Pero qué queréis, podía ser una forma de comunicación teniendo en cuenta que el móvil estaba bajo cristales y piedras y sin cobertura!!! Estoy segura que si hubiera apretado al botón FOTO, en vez de sólo mirarme la cara con la cámara frontal de la pantalla del ipad, mi selfie accidente hubiera sido como mínimo, #trendingtopic.

Y sí, río. Sonrío. Porque una vez más, he podido morir en un abrir y cerrar de ojos. Y aquí sigo. Con la clavícula izquierda y el esternón fracturados. Y una cara llena de una gama colorida de azules, morados, amarillos, naranjas y rojos. Pero nada más. Al final, estas experiencias (por así llamarlo) hay que tomárselas con humor. Y sacarles el lado más positivo.

Lo mejor de todo es que este tipo de cosas posicionan a cada uno en su sitio y te ponen las prioridades donde tocan. Te tomas la vida con otra filosofía. Valoras un poco más el día a día. Vivirlo. Disfrutar de los detalles más pequeñitos. Preocuparte única y exclusivamente de ser feliz. Nada de dar demasiada importancia a cosas que al fin y al cabo, son minudeces.
Gracias a todos aquellos amigos, compañeros, familiares que se han preocupado, me han visitado y me siguen cuidando, preguntando… siguen siendo los mejores. 

A ellos y a mi familia les doy las mil gracias por haberme permitido, una vez más, detener unos breves momento de sus vidas, para dedicármelos, dejar que les toque un poquito más los cojones, y cuidar de mí.

Gracias.

miércoles, 25 de junio de 2014

Seis meses después.

¡Ey!, que sigo viva.

Empezar nuevas etapas tiene sus pros y sus contras. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Pero si me pongo a evaluar estos primeros seis meses aquí, han sido toda una locura. Nuevo lugar, nuevo pueblo, nuevo trabajo, nuevos compañeros y 0 tiempo para nada. Lloret ha pasado a formar parte de mi vida tan rápidamente que casi no me he dado cuenta. Cuando vine, los niños estaban aún de vacaciones navideñas y ahora ya han terminado el curso. Vacaciones de verano. Y todo en un abrir y cerrar de ojos. Un suspiro, pero de esos que salen y se van sin enterarte. 

Lloret me ha acogido con los brazos abiertos. Cada vez me siento más a gusto en mi lugar de trabajo. Me gusta ser LO que soy, QUIÉN soy y sobretodo, me encanta el CÓMO soy. Eso, que jamás cambie. Han pasado muchas cosas en todos estos meses.. Melancolía, alegrías, tristezas, lloros, risas, agobios, nuevas experiencias...de todo.
Ya queda muy atrás aquellas primeras semanas de vida laboral en que sentía que podía hundirme en un vasito de agua. En las que cada paciente me parecía un mundo. Soy dentista. La REINA de mi consulta. Y lo mejor de todo es que me encanta esto. Soy lo que quería ser y cómo quería serlo. El dónde, al final es algo irrelevante. 

Al final, Lloret ha ido cambiando con los meses, al igual que yo. Este pueblo me ha ido acompañando poco a poco. Empezó siendo algo sombrío, triste, con poca gente por sus calles, tiendas enteras cerradas y dónde el ambiente discrepaba muchísimo a mi idea de este pueblo. Bueno, la mía y la del mundo entero. Fiesta máxima, borrachos por las calles, guiris color tomate desde las 9 de la mañana a primera linea de mar y calles a rebosar. La primavera y después el verano ha llegado de otro color. Mucho más movimiento. Eso sí ahora puedo decir que Lloret incluso me gusta. A pesar de estar aislada del mundo, no poder ver a mi gente y necesitar algo de oxígeno, vivir en un lugar de playa siempre es muy agradecido. Poder salir del trabajo y mojarte los pies en el mar o tomarte una cervecita con los compañeros en cualquier chiringuito con este tiempo tan fabuloso, es lo más. 

Me gustaría tener más tiempo para pasarme por aquí y escribir de vez en cuando. Marta siempre dice que ya se verá. Que las cosas jamás sabemos cómo van a ser hasta que suceden. Así que eso. Ya se verá. Hasta entonces, sed felices chicos. 

domingo, 26 de enero de 2014

La melancolía perezosa de un domingo.


Es domingo, son las 19:22 y ya voy de vuelta. En este preciso momento acaba de terminar mi fin de semana. Estoy sentada en el tren, con la maleta apoyada en mis piernas y un hombre de fondo tocando la guitarra con acento francés. Es la primera vez que tengo esta sensación. No quería volver. Hoy no. Hoy quería quedarme en casa con mi família. Supongo que ya iba siendo hora y soy consciente que es de lo más normal. Marta me recuerda que echamos de menos aquellas cosas que nos aportan momentos únicos. Y es totalmente cierto.

Este fin de semana ha sido intenso, pero no por la cantidad de cosas que he hecho sino por lo que me ha transmitido lo vivido. Agarrar las llaves de un coche que vas a conducir tú sola por primera vez hacia algún lugar ha sido una especie de un antes y un después. Muchos diréis que no es nada del otro mundo y que a mi edad ya era hora. Que soy una llorona extremadamente sentimental. Y que las lagrimillas son absurdas. Ok. Lo admito. Pero es que absorber hasta el más mínimo detalle de cada momento es lo que tiene. Y a mi, me sale por los ojos. Qué queréis que os diga.


Me gusta sentir la adrenalina de tomar una decisión en el último momento, girar a la izquierda, y tras esas curvas interminables, conseguir hacer algo que llevas meses, incluso años imaginando. Y sólo para saludar y regalar una sonrisa. De forma clara, rápida y sincera. Con la mejor de las intenciones. Sin pretensiones ni premeditaciones. Espontáneo. 
Me gusta poder quedar para hacer el vermutillo un domingo entre risas de toda la vida. En el pueblo de siempre. Con los de siempre. Sin necesidad de pensar cuánto falta para el próximo tren. Ponerte música que resuena en las 5 puertas y sentir ese solecito que entra por el lateral creando un ambiente idóneo. 
Me gusta, por fin, tener carné de conducir. Nunca imaginé que pudiera significar tanto. 

Crear momentos especiales de algo tan poco trascendental y cotidiano es lo que he hecho durante este fin de semana. Un coche, una sonrisa, un sofá blanco, una polaroid, amigos, cervecita, sol, domingo. Instantes. Marta siempre dice que nos damos cuenta que extrañamos algo cuando verdaderamente somos conscientes de las sensaciones que nos aportan las cosas. ¿Y sabéis que? Esta vez, creo que tiene toda la razón. 

jueves, 23 de enero de 2014

La cocina hace amigos.

- Creadora de momentos, encantada.

A veces me pregunto si existe alguien que piense como yo. Alguien que sea capaz de hacer las cosas sin interés ni necesidad. Sólo porque cree que hay cosillas que son necesarias para ser feliz en esta vida. Y esta vez, creo que me había topado con uno más o menos de mi especie.

En ocasiones, estar a 100 km de tu familia hace que de vez en cuando se te despierte esta necesidad por sentirte un poquito acompañada y echar de menos cosas que antes ni imaginabas. Y vivir en Lloret de mar, a pesar de ser toda una experiencia para mi misma, enciende esas ganas por la tortilla de patatas de la mami, la paella los sábados o el cocido calentito en la mesa. Ya se sabe, vivir solo hace que puedas subsistir a base de macarrones, ensaladas, queso de cabra y atún. 

Jueves. Día libre. Un tweet un par de semanas antes había sido la clave. Y de la forma más normal, alguien se ofrecía a cocinarme uno de mis platos más ansiados. Y no sólo eso sino que además, se venía a comer conmigo y acompañarme.
Sí, lo había visto una vez en mi vida. Sí, no lo conocía de nada. Sí, estaba a una hora de trayecto. Y sí, era jodidamente curioso que alguien hiciera algo así por mi. Ya me lo dijeron una vez. Twitter es lo que tiene. Y los amigos en común, también. Pero es que sabéis qué, yo, por los desconocidamente conocidos, también hago este tipo de cosas. Y sin pensármelo dos veces. Soy así.
   
Romero, tomillo, un toque de microondas y media barra de pan. El lugar era lo de menos, el cómo y cuando, también. Chuparme lentamente cada dedo de mi mano era lo más. Momento espléndido. Os puedo asegurar que aquellos habían sido los mejores pies de cerdo del mundo mundial jamás probados por mi paladar. Y aquello, aquello sería siempre recordado con una sonrisa de oreja a oreja esperando a que la próxima vez, no tardará en llegar. 

Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. (Un solo gracias no sería suficiente)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Transforma tus domingos.

 
Ultimamente los domingos ya no me parecen tan odiosos. Incluso los domingos nublados llegan a tener su encanto. Y si no lo tienen, hay que buscarlo. 
Enciende una vela, escribe, música de fondo, lee, dibuja, da rienda suelta a tus ideas y haz las cosas más estúpidas que puedas hacer, porque... ¿sabéis qué? Si no hiciésemos cosas estúpidas, nunca se haría nada inteligente. 

miércoles, 17 de julio de 2013

Verano inquieto.

Una vez dije que no sabía hasta cuando iban a durar las cosas y siempre he sabido que esto tendría un final. Por la forma, la esencia, la intención y la actitud. Sobretodo la actitud. Pero es de esas cosas que hasta que no llegan y te las encuentras de frente, no te das cuenta. 

No me acostumbro. De hecho, dudo que me acostumbre jamás, pero supongo que con el paso de la vida, se me olvidará. Se me pasará la rabia, la incertidumbre, las ganas de matar los silencios y la de conservar las amistades. Mientras tanto, el verano pasa. Y me gusta. 

Este es uno de esos veranos en los que realmente disfrutas. No estás haciendo nada especial ni a lo grande; no viajas a un país asiático, no te vas un mes entero de hotelazo con pulserita, ni tan siquiera te escapas a un apartamento de playa, pero no paras quieta. Buscas la especialidad en las pequeñas cosas, en los pequeños momentos, en la esencia de los instantes que te hacen sonreír. Esas cosas son las que precisamente te hacen sentir bien.
Este es el primer verano del resto de tu vida. Has terminado, cambias de etapa y ansias pasarlo bien. Disfrutar de los buenos amigos, de los lugares con encanto, de las charlas interesantes y de los proyectos por cumplir. 

Este, así, está siendo mi verano. 
¿Y sabéis qué? Estoy aprendiendo a disfrutar incluso más de lo que creía y eso..., eso es lo que me ayuda a cambiar mi chip interno. Porque por mucho que hayan cosas que deba aceptar que son como son y que aunque las pinte de mil colores seguirán siendo igual, siempre habrán muchas otras más que serán maravillosas.

Y es que Marta siempre dice que hacen falta días malos para darte cuenta de lo bonitos que son el resto.

Sonríe.

jueves, 28 de marzo de 2013

:)

Estoy muy Zen. 
Y me siento bien. 
Divertida.

#Seh.

lunes, 25 de marzo de 2013

Proverbio "chino".

Porque un abrazo silencia todas las tonterías.

viernes, 25 de enero de 2013

Historias de medios a final de una semana de enero. Y otros muchos cuentos.

[[...ParteII...]]

Y el jueves, ¡uy el jueves! Que te venga un niño a las 12:30 de la mañana cuando ya tienes todo limpio, ordenado y con la chaqueta en la mano y te diga que tienes que sacarle dos muelas... ¿lo matarías o no lo matarías? Bien, respiras, coges aire, te sientas y lo haces con todo el cariño que puedes. 
Hora de comer. Compartiendo el rato con desconocidas conocidas. Bien. a gusto. Y luego..., café con la desaparecida en combate. Había que ponerse al día con entre cervezas cubata de media tarde y personajes altivos. Laurita siempre eclipsa. 
Pero al llegar la noche... al llegar la noche todo se vuelve como una novela casi de ciencia ficción. Sobretodo cuando cenas con amigos que tienen una gran lista echada a sus espaldas. Historias para no dormir. Os lo prometo. Incluso yo me estreso con tanto movimiento. Pero en pijama, el radiador encendido, una manta, el sofá y aventuras varias al lado de alguien que recibió su nombre gracias a la foto prestablecida de perfil de twitter, no puede ser de otra manera. A eso le llamo yo complicidad. Da gusto. Mil gracias por la cena y por la litera. Al final le voy a poner mi nombre.
Viernes. Te levantas. Estás en una casa ajena. Pones un pie en el suelo y das gracias a los calcetines que cogiste sin permiso la noche anterior del primer cajón de la cómoda de la habitación de al lado. Abres la nevera y bebes agua. Vas al baño, te lavas la cara y te viene el olorcillo a esa colonia tan reconocible que te despeja de un salto. Mientras te estás vistiendo te estás cagando en ti misma y en todo el que se tercie por no haberte sacado ya el carné de conducir. Volver a casa es toda una odisea desde la parte alta de Barcelona. Pero era viernes. Y hacía sol. Y tenía fiesta. Así que con mi mayor sonrisa, tiré de la puerta y me dispuse a cruzar toda la calle Marius. Tendría que coger un autobús, un metro y el tren. Lo que yo digo, de buena mañana, peor que Ulisses surcando los mares.
De repente, llegas a la parada del autobús y ves que falta 1 minuto para que pase el que tú necesitas. Y te dices: "¡Estupendo!, hoy estamos de suerte. Y al bajar en el destino solicitado, te das cuenta que un autobús más atrás es el que te lleva a la mismísima puerta de casa. Sin ninguna duda, ese era mi día. Ni andar, ni metro ni tren. Sólo bajar del autobús y 48 pasos desde la parada hasta casa. Yeah. Ni un minuto de espera. 

Compartir un viernes con Ainara, entre tiendas, McDonald's, risas, profundidades y deseos varios, no es cualquier cosa. Para nada. Y me encanta. Me encanta, me encanta y me encanta. Pero vaya, ese fanatismo extremo tan arraigado a mi por que a mis amigos les brillen los ojos de felicidad, merece otro espacio único. 
Y la noche, la noche prometía las tapas esperadas durante toda la semana en la emblematica cabaña del Parque de Cornellá de Llobregat entre amigos. Cochinillo para los mejores paladares. Salsa brava de lo más degustable. Todo acompañado de tres medianas que hicieron que tanto ajetreo de la semana, me mezclaran toquecito de ebriedad con cansancio extremo. A las 00:03, estaba metida en la cama. 

El sábado... el sábado sería la culminación de una semana de escándalo con su curso matutino y descubrimiento de un sitio más a sumar a mi lista de #lugaresconencanto. Pero ya si eso, os lo cuento luego, vale? ;)

miércoles, 16 de enero de 2013

Largas historias de principio de semana para no dormir. Y otros cuentos.

Lo que no me pase a mi, no le pasa a nadie. O eso siempre dice mi amiga la rubiah' cada vez que le cuento alguna de mis peripecias de mi día a día. Pero, de verdad, en realidad, mis días por lo general, son de lo más aburridos, de lo más mundanos, totalmente tranquilos y rutinarios. De casa a la clínica, de la clínica a casa y así 3,3333 periódico.
Vale, eso por lo general. Sí. Ok. Pero ya el domingo, al mirar el calendario de la pantalla reluciente de mi ipad a las 12 de la noche, se escuchaba a gritos que esta iba a ser una semana en que me tendría que poner el cartel de COMPLETO en la frente. 

Los lunes siempre están repletos de pacientes, de 8 a 8 de la tarde y aunque mantenerme ocupada entre dientes y conversaciones de lo más encantadoras con abuelitos no está mal, empezar la semana así debería ser un crimen. No por los abuelos, sino por las 12 horas que tengo que echarme a mis espaldas cada inicio de semana. Y si a eso le sumas tener un compañero de trabajo que de tan perfeccionista que dice que es, decir que las hormigas en invierno trabajan más rápido que él, es decir poco. 
Pero claro, si con el lunes no había tenido suficiente, el martes no sería menos. Urgencias. Ese servicio de la clínica odontológica que es como un cupón de lotería de navidad. Te puede tocar o no. Hay días en los que los pacientes brillan por su ausencia y puedes tomarte incluso 4 tes de la maquina y comerte una caja entera de Donettes, y otros en los que a todas las prótesis de los pacientes, les da por romperse. Pues sí, el martes fue un día de esos. Pero un chocolate a media tarde, con su aroma a avellanas y canela, iba a solucionarme el día. Nada iba a cruzar mi día. 
Chupar con toda la delicia del mundo la cuchara repleta de la nata cremosa que flota en la taza del Starbucks, mientras espero a la que sería una sorprendente compañía con una conversación de lo mejorcito, era un placer que en ese momento, me iba a permitir. Que te hablen de mil cosas y encima te escuchen, hoy en día, no es nada fácil. Seguro que habrían más chocolates con avellanas y nata. Un placer.
Y al llegar la noche, una vez más, las empanadas de Marta, volvieron a ser todo un éxito. Y es que, esa cena no era cualquier cosa. Era la Última Cena. Y allí, entre tanto estrés, tanto compromiso, tantas tareas aún pendientes, parecía que nadie se había dado cuenta. Y que yo, era la única. Vamos, yo y Marta, está claro. Marta sabía que aquello era como una especie de "hasta luego" o un "hasta la vista". Solo me quedaba confiar en que todo iba a ir bien. Eso, y dormir. Y dormí. Sí. Profundamente. Supongo que tanta tensión contenida acaba cansando. 

El miércoles empezó antes de lo que debería, entre frío, nieve en las alturas y viento. Mucho viento. Tanto viento que era casi imposible caminar por Bellvitge. Suena la radio en el despertador. Buenos días sin media sonrisa. Cómo no. Silencio. Silencio. Silencio. Supongo que las mañanas nunca traen el buen humor a nadie. Y de repente, un tweet en los altavoces despertó esa media sonrisa buscada. Con aquello, ya podía estar satisfecha para el resto de la semana.
Ese día había turno de tarde. Recibir un regalito de alguno de mis pacientes es toda una motivación para mi. Es el agradecimiento de mi trabajo. Te alegra increiblemente :)

¿Y es que, sabéis qué? Adoro lo que hago.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cosas a decirse a una misma.





Eres fantástica. 
Extraordinaria.
Encantadora.

Y molas un huevo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Ansiedad ajena.

Respiración intranquila, descordinada, ansiosa, estresada y nerviosa. Así estaba Marta aquella tarde en que casi a la fuerza, la obligué a tomarse un Frappé de caramelo. Es imposible que teniendo tantas cosas en la cabeza, concilie el sueño de forma satisfactoria. A pesar de parecer que pasa de todo, estar ausente en muchos momentos y callada hasta niveles insospechados, su cabeza da mil vueltas. Y eso, hay que descargarlo. Y si es con cara enfurruñada y chocante, asumiré ese riesgo.

Porque ser realista no significa privarse de las alegrías y entusiasmos que te da la vida. 
No significa no expresar tus sueños y anhelos. 
No significa dejar de ser idealista cuando estás gritando en silencio que lo que te esta sucediendo es genial.

Muchas veces le digo a Marta que ser tan poco emocional en momentos como estos, te priva de vivir y sentir sensaciones extraordinarias. Que gritar, alegrarse, emocionarse es lo que hace que disfrutes de cada situación por la que pasas. 
¿Y es que sabéis qué? Incluso sentir miedo es bueno. Te proporciona una adrenalina que en ocasiones, es increíblemente placentera.


Y que el hielo se derrita.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Buen momento.

Sentía como las gotas iban cayendo de forma casi resbaladiza cuello a través. Hacía calor. Mucho calor. Por dentro y por fuera. Y lo odiaba. Las medias oscuras le oprimían a mitad de muslo, ciñéndose bajo un bordado de lo más sexy. 
En ese momento podía sentirse como quisiera, hacer lo que quisiera, pensar lo que quisiera, incluso, decir lo que quisiera. En ese momento nadie iba a juzgarla por nada. Y eso, eso le encantaba. Hacer lo que a uno le plazca, traer a la realidad pensamientos de lo más inverosímiles no se puede hacer en cualquier situación. Ni con cualquier persona. Pero, casualmente, sentada en esa mesa de madera, mirando fijamente y con los ojos clavados al frente, Marta era lo más. Lo obsceno, oscuro e impetuoso iba a apoderarse de la situación. Liberada.
Aquello prometía. Y prometió. 

viernes, 29 de junio de 2012

13.

Trece años después, ni 12 ni 14. A pesar de sentir que tu segundo cumpleaños nunca debería haberse celebrado, no puedes evitar despertar un 29 de junio y sonreír. Pensar desde tu cama que hace ya algunos años, fuiste la mayor heroína jamas conocida.

La supernena, la del puenting sin cuerda, la fuerza de voluntad personificada; esa que vive y alardea de sus cicatrices cual heridas de guerra se trataran. Esa que un día sorprendió a muchos mientras tomaban el sol en la playa, mientras disfrutaban del principio de sus merecidas vacaciones o veraneaban con los abuelos a finales de ese junio caluroso. 

La que cayó y decidió dar la lata durante muchos años mas. Exactamente....durante el resto de su vida. 


Hoy, 13 años. 

miércoles, 6 de junio de 2012

La tierra, que tira.

De eso que ves a mi madre hablando por teléfono un día cualquiera con alguien que ni te suena el nombre, ni has visto nunca y ni siquiera has oído hablar. Te la presentan como la "amiguísima". Hablar de ese concepto con mi madre, nunca se sabe, mas que nada porque con esto de las nuevas tecnologías, todo el mundo parece ser amiguísimo. Y más cuando mi madre galardona una especie de comunidad de extremeños y relacionados vía Facebook. Miedo me da. 
Te hablan de la Juani, de la Maripuri, de la Pepi o del Wencesnosequé. Vamos, que parece que te esté hablando de conocidos de toda la vida. Y con un ímpetu descomunal. Y tan solo son personas con algo en común que forman parte de un grupo de Facebook con misma denominación. Todos ellos, extremeños. 

Ese acento con deje característico, esa espontaneidad y el despilfarro de conversaciones variadas, hace que parezcan incluso de la familia. 
Y ya me ves a mi, que sin quererlo ni beberlo, me encuentro acompañando a mi madre, esperando a alguien en sants que no conozco. Cocacolas, fantas, nestea y bacon con queso. Toma ya. Vamos, que solo nos faltaba el cochinillo y el vino de pitarra.

Mira que yo soy abierta y puedo llegar a relacionarme con cualquiera..., pero es que mi madre..., la Carmeli siempre ha sido de extremos. No, si ya lo dicen; a alguien tendré que parecerme, no?
Aquí, o es que yo soy muy rara, o es que los extremeños tienen algo que por Facebook se desinhibe completamente. Los desconocidos dejan de ser desconocidos y pasan de ser conocidos de feisbú a amiguísimos de toda la vida. 

Vamos, que la tierra, se ve que a todos nos tira. Pero a ellos, más.


martes, 10 de abril de 2012

Good luck. O cómo ser especialista en Leyes de Murphy.

Sí, lo mío es ser masoca, masoca de remate. Primer día después de Semana santa. Síndrome postvacacional a flor de piel y sueño infinito con dolor de cabeza y picor de ojos incorporado. Cansancio acumulado por varias noches de tos y encima, mocos. Los mucolíticos del armario del baño de mi casa, definitivamente, no funcionan. La garganta me sigue picando y los mocos, siguen siendo igual de espesos, de igual color y exactamente con la misma cuantía. Y no, no voy a darle más vueltas al tema porque de mocos, todos sabemos, todos tenemos y ya somos conscientes de todas sus características. El caso es que llamémosle poca suerte o estado mental caótico, las cosas son así. Sí, ese es el mío. Caótico. Eso o un completo desastre.

Digamos que mi gran especialidad es levantarme a las 6 y media de la mañana para ir a clase el día que no hay clase, ya sea porque es Santa Apolonia, porque ese día resulta que al profesor no le ha dado la gana venir, porque las prácticas las han cambiado de día o porque he pensado que es martes en vez de lunes. O de eso que estás a punto de salir de casa para ir a la biblioteca con un sol radiante, y en el tiempo que vas al baño y vuelves, cae una granizada de mil demonios. Sí, esas son mis especialidades . Eso sólo tiene un nombre: Pringada. PRINGADA en mayúsculas. Pero ya estoy acostumbrada. No os penséis. 
Soy el vivo retrato de las leyes de Murphy, cuando algo puede salir mal, sale mal. Qué queréis, no nací con una flor en el culo. Cuando yo nací, sólo me repartieron un cupo de suerte y va a ser que ya la gasté. Vamos, que sobrevivir a 7 pisos de altura, digo yo que no es cualquier cosa... eso no es solo tener suerte, eso es tener mucha potra. 

Lo gracioso es que la suerte nunca va conmigo y eso que tengo a más de un amigo que me dice lo afortunada que soy. ¿Afortunada? Afortunada! Los cojones!, afortunado al que le toca la lotería, no a mi, que por no tocarme, no me tocan ni los tickets de regalo para comprar alimentos de interés en el Caprabo. Yo soy de las que siempre me hacen descuento en la compra de alcaparras. Y vamos a ver, yo alcaparras, como que no voy a comprar en la vida, señores.
Y si por una extraña circunstancia, los planetas se alinean, el cosmos está de mi parte y no llueve, truena o hay tormentón, resulta que los extraterrestres de marte nos vienen a invadir. Y si creía que ya nada podría salir peor....MEEEEC... me equivoco. Desde esta mañana, las 6 partidas de #Apalabrados que había empezado ganando de 20 puntos, resulta que me están apalizando con una diferencia de 30 puntos. #estupendoh.

¿Y aún creéis que yo, voy a tener chiripa en algún momento? #Claaaaro. Seguro que sí. Y no digáis que soy negativa porque no es cierto. #Positivizando. Siempre habrá un "no hay mal que por bien no venga". Eso sí, igual que Marta, yo, voy a seguir creyendo en las remotas, curiosas y sorprendentes casualidades de la vida.

[[Escuchando: Rafita Perestroika - Rafa Pons]]