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domingo, 5 de julio de 2015

Cambio radical.

Cuando ya ha pasado un mes desde tu cambio radical, todo se ve con mejores ojos. Las cosas se van poniendo en su lugar y los sentimientos de nervios y estrés se van apaciguando. Soy odontóloga y de eso no hay duda. Puedo. Todo es cuestión de seguir aprendiendo. Y tener a gente a tu alrededor que te ayude a ello, es todo un lujo que no todo el mundo tiene al alcance. Eso y tener a un jefe y un equipo que te valora y que te transmite confianza, no tiene precio. 


Marta siempre dice que soy ese tipo de personas valientes y emprendedoras que por regla general se lanzan a donde sea pero que de vez en cuando necesitan que les digan que lo están haciendo bien. Que te digan que te apoyan. Que confían en ti. Y que están orgullosos de tus progresos. Ahora mismo, podría decir que se ha abierto un nuevo libro. Con portada conocida pero sin final aparente. Un libro cargado de de nuevos objetivos y metas, de superación máxima. 
Ahora es el momento de exigirme un poco más. Es el momento de seguir dando lo mejor de mi a cada uno de los pacientes que entran por la puerta de mi consulta.

Y por todo lo demás... estupendo. Tras varios años, ha sido el momento de cambiar de casa y aprender a compartirla. Sí, mi ocupación ha sido máxima; quedándome con dos habitaciones y dos baños, pero cada vez voy encontrando más mi lugar en cada rincón de este hogar. Parece que se me había olvidado eso de compartir la cena tras el trabajo, ver una película los domingos por la tarde, abrazar a alguien a medio metro de tu cama o tener las típicas discusiones de quién se ha dejado el champú abierto en la ducha. Pero es que sabéis qué? Me encanta. 

domingo, 18 de enero de 2015

Smile & behappy.

Contenta. Y eso que es domingo. Y domingo de enero y casi no hace sol. Marta siempre dice que las infinitas pequeñas cosas que te hacen sonreír son las que valen la pena. 
Cada vez me doy más cuenta de que esta profesión es puro encanto. Es pura emoción. Es puro sentimiento. Es toda una aventura. Jamás me cansaré de decir que ser dentista es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Y me encanta. Me gusta tanto hacer que las personas sonrían que es todo un placer ir a trabajar. Sólo quiero que este 2015 esté lleno de muchas sonrisas. Y mucha felicidad. Y muchas cosas que me hagan sentir bien. Y muchos reencuentros. Y comidas y cenas de lo más ricas. Y que esté cargado de buenos deseos y cumplimiento de proyectos. 
Y a poder ser, hacer muy mucho el monguer. 

Smile & behappy.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Conversaciones conmigo misma en el tren.

En realidad, tengo que reconocer que me gusta ir en tren. El traqueteo me relaja. Sobretodo a estas horas de medio sol. Me da en la cara y es agradable. Son las 18:15 de la tarde, es viernes. Veo el mar desde el vagón y en cada estación, absorvo su brisa marina desde aquí.

El tren me ayuda a pensar, a ordenar mis ideas, a volver a mis orígenes, a darme cuenta lo que ha cambiado todo. Extraño muchísimas cosas. Me da tiempo para dar vueltas a historias y pensamientos que el día a día no me deja, y eso, me gusta.

Me pregunto cómo estarás tú, como estará ella o cómo le irá al hermano de la vecina de en frente. Todas esas personas que sea como sea, siempre serán importantes en mi vida. Y sonrío. Sonrío porque es lo único que siempre he sabido hacer. Y me gusta hacerlo. Sólo porque sí. Y para mi misma. Marta siempre dice que por más que haya mil cosas por las que estar triste, siempre habrá una más por la que sentirse feliz. Y las hay. De una forma u otra, deseo que todo esté bien. Además, es viernes. Y los viernes no son como los domingos. Así que, momento zen.

Miro el reflejo del cristal. Me veo a mi, con cara de cansada, una trenza al lado y el flequillo resbalando sobre mi nariz. Me hace cosquillas. Me acuerdo en un gran amigo que una vez le dió importancia a mi flequillo, tanta que me lo puso de mote. Vuelvo a sonreír. La semana ha sido dura y el día de ayer ni quiero recordarlo pero sabéis qué, hoy es viernes y me voy de cena. Entre amigos, risas y buen vino, todo lo negativo, se desvanece.

miércoles, 25 de junio de 2014

Seis meses después.

¡Ey!, que sigo viva.

Empezar nuevas etapas tiene sus pros y sus contras. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Pero si me pongo a evaluar estos primeros seis meses aquí, han sido toda una locura. Nuevo lugar, nuevo pueblo, nuevo trabajo, nuevos compañeros y 0 tiempo para nada. Lloret ha pasado a formar parte de mi vida tan rápidamente que casi no me he dado cuenta. Cuando vine, los niños estaban aún de vacaciones navideñas y ahora ya han terminado el curso. Vacaciones de verano. Y todo en un abrir y cerrar de ojos. Un suspiro, pero de esos que salen y se van sin enterarte. 

Lloret me ha acogido con los brazos abiertos. Cada vez me siento más a gusto en mi lugar de trabajo. Me gusta ser LO que soy, QUIÉN soy y sobretodo, me encanta el CÓMO soy. Eso, que jamás cambie. Han pasado muchas cosas en todos estos meses.. Melancolía, alegrías, tristezas, lloros, risas, agobios, nuevas experiencias...de todo.
Ya queda muy atrás aquellas primeras semanas de vida laboral en que sentía que podía hundirme en un vasito de agua. En las que cada paciente me parecía un mundo. Soy dentista. La REINA de mi consulta. Y lo mejor de todo es que me encanta esto. Soy lo que quería ser y cómo quería serlo. El dónde, al final es algo irrelevante. 

Al final, Lloret ha ido cambiando con los meses, al igual que yo. Este pueblo me ha ido acompañando poco a poco. Empezó siendo algo sombrío, triste, con poca gente por sus calles, tiendas enteras cerradas y dónde el ambiente discrepaba muchísimo a mi idea de este pueblo. Bueno, la mía y la del mundo entero. Fiesta máxima, borrachos por las calles, guiris color tomate desde las 9 de la mañana a primera linea de mar y calles a rebosar. La primavera y después el verano ha llegado de otro color. Mucho más movimiento. Eso sí ahora puedo decir que Lloret incluso me gusta. A pesar de estar aislada del mundo, no poder ver a mi gente y necesitar algo de oxígeno, vivir en un lugar de playa siempre es muy agradecido. Poder salir del trabajo y mojarte los pies en el mar o tomarte una cervecita con los compañeros en cualquier chiringuito con este tiempo tan fabuloso, es lo más. 

Me gustaría tener más tiempo para pasarme por aquí y escribir de vez en cuando. Marta siempre dice que ya se verá. Que las cosas jamás sabemos cómo van a ser hasta que suceden. Así que eso. Ya se verá. Hasta entonces, sed felices chicos. 

domingo, 26 de enero de 2014

La melancolía perezosa de un domingo.


Es domingo, son las 19:22 y ya voy de vuelta. En este preciso momento acaba de terminar mi fin de semana. Estoy sentada en el tren, con la maleta apoyada en mis piernas y un hombre de fondo tocando la guitarra con acento francés. Es la primera vez que tengo esta sensación. No quería volver. Hoy no. Hoy quería quedarme en casa con mi família. Supongo que ya iba siendo hora y soy consciente que es de lo más normal. Marta me recuerda que echamos de menos aquellas cosas que nos aportan momentos únicos. Y es totalmente cierto.

Este fin de semana ha sido intenso, pero no por la cantidad de cosas que he hecho sino por lo que me ha transmitido lo vivido. Agarrar las llaves de un coche que vas a conducir tú sola por primera vez hacia algún lugar ha sido una especie de un antes y un después. Muchos diréis que no es nada del otro mundo y que a mi edad ya era hora. Que soy una llorona extremadamente sentimental. Y que las lagrimillas son absurdas. Ok. Lo admito. Pero es que absorber hasta el más mínimo detalle de cada momento es lo que tiene. Y a mi, me sale por los ojos. Qué queréis que os diga.


Me gusta sentir la adrenalina de tomar una decisión en el último momento, girar a la izquierda, y tras esas curvas interminables, conseguir hacer algo que llevas meses, incluso años imaginando. Y sólo para saludar y regalar una sonrisa. De forma clara, rápida y sincera. Con la mejor de las intenciones. Sin pretensiones ni premeditaciones. Espontáneo. 
Me gusta poder quedar para hacer el vermutillo un domingo entre risas de toda la vida. En el pueblo de siempre. Con los de siempre. Sin necesidad de pensar cuánto falta para el próximo tren. Ponerte música que resuena en las 5 puertas y sentir ese solecito que entra por el lateral creando un ambiente idóneo. 
Me gusta, por fin, tener carné de conducir. Nunca imaginé que pudiera significar tanto. 

Crear momentos especiales de algo tan poco trascendental y cotidiano es lo que he hecho durante este fin de semana. Un coche, una sonrisa, un sofá blanco, una polaroid, amigos, cervecita, sol, domingo. Instantes. Marta siempre dice que nos damos cuenta que extrañamos algo cuando verdaderamente somos conscientes de las sensaciones que nos aportan las cosas. ¿Y sabéis que? Esta vez, creo que tiene toda la razón. 

jueves, 23 de enero de 2014

La cocina hace amigos.

- Creadora de momentos, encantada.

A veces me pregunto si existe alguien que piense como yo. Alguien que sea capaz de hacer las cosas sin interés ni necesidad. Sólo porque cree que hay cosillas que son necesarias para ser feliz en esta vida. Y esta vez, creo que me había topado con uno más o menos de mi especie.

En ocasiones, estar a 100 km de tu familia hace que de vez en cuando se te despierte esta necesidad por sentirte un poquito acompañada y echar de menos cosas que antes ni imaginabas. Y vivir en Lloret de mar, a pesar de ser toda una experiencia para mi misma, enciende esas ganas por la tortilla de patatas de la mami, la paella los sábados o el cocido calentito en la mesa. Ya se sabe, vivir solo hace que puedas subsistir a base de macarrones, ensaladas, queso de cabra y atún. 

Jueves. Día libre. Un tweet un par de semanas antes había sido la clave. Y de la forma más normal, alguien se ofrecía a cocinarme uno de mis platos más ansiados. Y no sólo eso sino que además, se venía a comer conmigo y acompañarme.
Sí, lo había visto una vez en mi vida. Sí, no lo conocía de nada. Sí, estaba a una hora de trayecto. Y sí, era jodidamente curioso que alguien hiciera algo así por mi. Ya me lo dijeron una vez. Twitter es lo que tiene. Y los amigos en común, también. Pero es que sabéis qué, yo, por los desconocidamente conocidos, también hago este tipo de cosas. Y sin pensármelo dos veces. Soy así.
   
Romero, tomillo, un toque de microondas y media barra de pan. El lugar era lo de menos, el cómo y cuando, también. Chuparme lentamente cada dedo de mi mano era lo más. Momento espléndido. Os puedo asegurar que aquellos habían sido los mejores pies de cerdo del mundo mundial jamás probados por mi paladar. Y aquello, aquello sería siempre recordado con una sonrisa de oreja a oreja esperando a que la próxima vez, no tardará en llegar. 

Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. (Un solo gracias no sería suficiente)

lunes, 13 de enero de 2014

El magnetismo del primero.

Marta siempre dice que tengo como una especie de aura a mi alrrededor. Ese magnetismo que desprende buenas vibraciones y que las contagia. Me gusta escuchar eso porque es precisamente lo que pretendo. Soy así y me gusta ser así. 

Ha pasado la primera semana desde que empecé con todo esto. Y parece que mi cuerpo se ha puesto de acuerdo para hacermelo un poquito más difícil de lo que podía ser. 38,5º. Fiebre. ¿Tenía que tener fiebre en mi tercer día de trabajo? Nadie dijo que esto fuera a ser fácil. Se que tengo 26 años y que cualquiera me diria aquello de "yo a tu edad ya llevaba muchos años trabajando", pero las cosas van así. Mi vida ha ido así y hasta ahora no había llegado el momento. Pero ha llegado. 

Podría describir la primera mañana que sonó mi desperador a las 8:30 habiendo pasado mi primera noche en Lloret. Podría decir que los nervios se me iban a salir por los ojos y que la incertidumbre de lo desconocido me iba a matar el estómago pero también podría describiros cómo me miré al espejo y me dije: "Clara, tú puedes". Creo que siempre recordaré el instante en que llegué al CAP y me dijeron que tenía un paciente. Mi primer paciente como odontóloga en el ambulatorio. Manuel se llamaba y tenía que sacarle una muela. Sus nervios eran comparables a los míos. O eso parecía. Peró fué sentarme en mi silla, mirarle, sonreírle y ambos supimos que en ese momento todo iba a salir bien. Y así fue. 
Se que se sintió bien y percibió mi magnetismo y mis buenas vibraciones porque al irse me agradeció infinitamente que aquello que suponía que iba a ser un rato tremendamente traumático, le había ayudado a entender que hay dentistas que logran ver algo más allá de una boca y unos dientes. Detrás de todo eso, también hay una persona.

Y aquella mañana, aquel hombre de 68 años, Manuel, con su pelo canoso, su expresión temblorosa y sus ojos de miedo al dentista, sin él saberlo, había abierto la veda. Mi veda al mundo laboral.

jueves, 2 de enero de 2014

2014.

Estos últimos meses han sido una revelación para mi. Como un vuelco a mi vida. Una horneada a fuego lento del pastel principal. Un cambio radical frente a un espejo lleno de bombillas. De esos largos espacios de tiempo que pasan en un suspiro. Subir a una montaña, inhalar todo el aire que se pueda y soltarlo lentamente. Sin ahogo pero con ese nosequé que hace despertar las ganas de despegar. 
Así ha sido. 
De ahí mis silencios por aquí. Porque me he dedicado a vivir más que a escribir. He abandonado completamente estos posts. Pero tranquilos, que no he muerto. No ha sido sólo aquí. He disminuido la frecuencia en las redes sociales y he optado por tomarme hasta el último sorbo de cada momento. Seguir aprendiendo y conociendo todo lo que, aún, parecía desconocido para mi. De esas cosas que nos creemos unos sabelotodos pero que en realidad no conocemos ni la mitad. Y dejarse llevar por un yo interno, que aunque en algunas ocasiones parezca de lo más incongruente, es el que me hace disfrutar de las pequeñas y grandes cosas.

Y ahora, me encuentro aquí, con un año nuevo que ya ha empezado casi sin avisar. Porque señores, el dosmilcatorce ya ha llegado. Y arranco con unas fuerzas infinitas. Fuerzas exageradas combinadas con ese miedo incontrolable que decide salir cual mariposas revoloteando desde el fondo del estómago. 
Un lugar nuevo, una casa nueva y un cuento nuevo. Una historia que quizás pueda ir explicando o quizás me la guarde para mi. Con un inicio inquietante y desconocido, un pronóstico de desarrollo emocionante y sin final esperable. 

Marta siempre me recuerda que sirvo para esto. Que estudié lo que quería estudiar y gracias a eso, hoy soy lo que quiero ser. O voy a serlo. Que la sensación de miedo es totalmente normal y necesaria en este momento pero que, de aquí a un tiempo, cuando menos me lo espere me va a parecer de lo más graciosa. Debo confiar en mi y en mi capacidad por hacer las cosas. Voy a hacerlo bien. 
¿Y es que sabéis qué?
Si el pasado año fue uno de los más complicados para mucha gente, voy a poner toda mi energía para que este 2014 sea, sin duda, mi año. 

#felizañonuevoseñores
 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Curiosidades que matan.

Marta los había conocido en un momento, por lo menos, divertido. Vestida de rojos y con un corazón en sus manos, conversaba a la suave luz del gintonic. La curiosidad empapó el ambiente, las miradas se cruzaron, y lo amable llevó a lo divertido y lo divertido a lo complaciente. 

La mente era como la suya, abierta, madura, de gran espectro, despejada y libre. Sin prejuicios y totalmente sensata y clara. O eso parecía. Lo había pasado bien. Amistades pasadas, conocidos de nuevo y patatas bravas con vodka a las 4 de la mañana. Y sobretodo, morbo. Y atracción. Mucha atracción. 

Y el rato pasó, y la noche, y los días y el juego parecía haberse apoderado de la situación. Abierta a nuevas experiencias y a matar curiosidades varias, pensaba que seguir el hilo daría una complicidad totalmente amistosa. Poco a poco, le pareció oír. Poco a poco le dijeron. Poco a poco, tenía que ir la historia. Sin forzar, sin preparar, totalmente espontáneo. Los curiosos como Marta es lo que tienen, de repente se encuentran en instantes de lo más extraños, en lugares de lo más singulares y compartiendo mesa y libros con dos conocidamente desconocidos que preparaban te y desayunaban muffins de chocolate rellenos de yogurt de buena mañana.

Y esa vez, había estado bien. Con toques graciosos, eso sí. No podía ser de otra forma. Las primeras veces siempre deben ser así. Y aunque Marta no estaba totalmente concienciada, se sintió cómoda. A gusto. Habían aceptado la negativa y las medias seguían en su lugar. Mientras el agua caliente caía sobre sus hombros, era imposible abandonar el shock que le invadía la mente. Y después de un "mañana más", se fue. Todo aquello había sido muy nuevo para ella. Y tenía ganas de más.


Y el mañana, jamás llegó. Confiaba que no habían habido problemas. Que lo que ella había hablado, estaba claro, que no habían habido malos entendidos ni recelos de por medio. Ni dudas, ni celos, ni pensamientos equívocos. Sin problemas. Y que si los había habido, que fueran igual de claros que ella era. Que se lo dijeran, que se lo contaran y tan amigos. Pero no, lo mejor fue tratarla como si no estuviera, no hablarle, no preguntarle, no hacerle partícipe de lo que había pasado. Ignorarla. Si habían habido jaleos, confusiones o mosqueos, no importaba. Iba a entenderlo. Un "no ha pasado nada", en ese momento, no colaba. Para nada. Eran personas distintas a las del día anterior. Nada que ver. Absolutamente nada. Calladas. Austeras, serias y totalmente moderadas. Ni intercambio de miradas, ni complicidad. Nudo en la garganta. 

Le habían hecho pasar uno de los peores ratos en mucho tiempo. Y no se merecía algo así. Marta va de buenas, es mucho mejor que todo eso. Y pasa por esa situación una vez. No más. El truco está en la palabra. Hablar. Compartir conversaciones. La claridad y la transparencia, sin duda, son la clave. ¿Pero es que sabéis qué? Al fin y al cabo, ellos se lo perdían.

martes, 5 de junio de 2012

El secreto de la mecánica del tiempo.

¿Sabíais que existen relojes que funcionan sin pila? Porque yo no. Ni yo, ni tres personas más a las que casualmente he preguntado. Sabía de los relojes solares, sí, pero nada de que un reloj de pulsera funcionara con tan solo las pulsaciones de tu muñeca. Pero claro...., qué pasa si llevas el reloj puesto y el pulso se te acelera? ¿Aumenta la velocidad? ¿Hace que el tiempo corra más deprisa? Obviamente, nada de eso sucede, pero sería gracioso. Todo funciona a través del movimiento.
O yo soy una inculta de los relojes, o es que solo unos cuantos entendidos en el tema conocen el verdadero secreto de la mecánica relojera. Y no hace falta ser suizo para eso. Mira tú por donde.

Aunque la falta de sonrisa siempre me frena bastante, todo es arrancar. Y con un vasito de agua, parece que todo entra mejor. Los buenos ratos acompañados de una siesta con un ojo abierto, me gustan. Disfruto de esos momentos con luz tenue a media tarde con tanta intensidad que parece que siempre es la última vez. Si alguien dijo que el mundo iba a terminar este año, pues que se termine. Que no quede.

21 rubíes. 21 puntos exactos de mecánica que necesitan de un material inalterable, irrompible, irrayable, que no se altera bajo calor, ni bajo frío. Punto de fusión, demasiado alto. Duro, muy duro. Curiosamente características que coinciden exactamente. Posiblemente sea casualidad. Los relojes automáticos, sorprendentemente, así funcionan. 

Señores, deleitémonos de las risas, de lo sublime y de lo no tanto. Del katymolongo, de la cocacolas con hielo y del tiempo entre colegas. 
El tiempo. Sí. Marta siempre dice que por muchos relojes que uno tenga, de pila, automáticos, solares o electrónicos, si no se posee un poquito del tiempo necesario para disfrutar, no sirve para nada.

jueves, 10 de mayo de 2012

Conversaciones matrimoniales, cariño y otros cuentos.

Peleillas en la cama, guerras de cojines, besos sin lengua, abrazos cercanos, quédate un poco más, no te vayas todavía, acércate, qué comiste hoy o que tal el día de ayer. 
Aparentemente cosas que implican cariño, obviamente. 

Pero....¿qué es el cariño en realidad? Unos buenos días o unas buenas noches en su debido momento, no lo es? Un qué tal, como te va, cómo ha ido el día, tampoco lo es? Noooo...claaaaroo... Eso vas tú por la calle y se lo preguntas a todo el mundo. Claro que sí. Sales un martes por la mañana y preguntas al primero que te cruzas por la calle... Oiga señor, usted cómo está? qué cenó ayer por la noche?, qué va a hacer o dónde va a ir este fin de semana o... Le apetece un te con canela? 
Si cosas así o por el estilo son las típicas preguntas que sueles hacer a cualquiera, definitivamente, el cariño que puedas tenerle a cualquiera es el mismo que......a un posavasos. Sí, un posavasos muy bonito de murano que alguien te trajo de recuerdo, pero al fin y al cabo, un posavasos. Un objeto inanimado, sin vida, sin emociones. Un cacho de cristal, vamos.

¿Dónde está la franja permisible con cada persona de muestra de cariño? Al final, cariño no comporta aprecio, risas, pasarlo bien, sentirse cómodo, distraerse, hablar de los gustos, las ideas o los pensamientos de uno mismo...? La amistad siempre implica cariño señores. Sí, en mayor o menor grado, vale; pero ahi está. Todo con quién se quiera y a su justa medida. 
Marta siempre dice que depender de lo preestablecido es la excusa más cómoda para justificar algo injustificable. El cariño, es lo que es y si en muchas ocasiones dejáramos que se guiar un poquito más por la visceralidad y le diéramos un poquito menos vueltas al tarro, todo sería más sencillo. ¿No creéis?


Y sí, me encantan las peleillas cercanas en la cama, con almohadas, cojines y esas cosas. En la cama, en el sofá o en el suelo. Me da igual. Una vez has disfrutado de una amistad con eso, ya te puedes morir. O simplemente, disfrutar de ello.

viernes, 4 de mayo de 2012

Filtros característicos.

Filtros. 

¿Qué son los filtros?

Las personas estamos acostumbradas a filtrar y limitar casi todo cuando hablamos con alguien. Es algo de lo mas normal, no te creas. Obviamente, a nadie le importa qué cenaste ayer por la noche, cuántas veces vas al baño o la talla de pantalón que gastas desde hace medio año. Y menos, al vecino de la escalera de enfrente. A pesar de eso ( y menos mal), no todo el mundo es el vecino de la escalera de enfrente y hay ocasiones que, personalmente, me gusta esquivar esos filtros. Saltarlos. Derribarlos. Vamos, eliminarlos por completo. 

 Marta siempre dice que tengo una gran facilidad por meterme de cabeza entre filtro y filtro; en dirigir la conversación a donde yo quiero llevarla; en inmiscuirme hasta lo mas recóndito sin apenas darme cuenta. Y es que es eso, no me doy cuenta. No me doy cuenta y ya estoy hablando de lo más personal. En ocasiones, me tengo que frenar los pies, ( ni que sea por un breve momento) y me digo a mi misma: Clara, detente, piensa un segundo. Esto es raro, poco convencional, gracioso, curioso, incluso algo extraño. Muchos podrían adjetivarlo de retorcido, pero no. No creo que sea algo retorcido, simplemente soy así. Sin segundas. Me gusta lo poco convencional. Mi amiga la rubia a menudo me dice que algunas de mis amistades son algo peculiares. Sí. ¿Y qué? lo acepto. Admito que para el resto del mundo según que situaciones no están dentro de los varemos establecidos socialmente. Pero sinceramente, este es un tema que me cansa. ¿Los varemos establecidos por quién?. Bah. 

No soy una sabelotodo, ni una listilla ni mucho menos una cotilla. A ciencia cierta puedo decirte que aparentemente es simple y sencillo hablar conmigo. No te corto mientras hablas, escucho lo que me cuentas e intento opinar cuando hace falta de la forma mas objetiva posible. Me fijo en las pequeñas expresiones, los movimientos mas sutiles y en si verdaderamente hay comodidad en el ambiente. Comodidad. Claro que sí. Porque cuando uno está cómodo, los filtros, desaparecen. Te lo digo yo.

sábado, 21 de abril de 2012

Instantes de Marta.

Eran las 10 de la mañana. El sol ya alumbraba y el suave cantar de los pájaros formaba una melodía digna de la mejor sinfonía que se pudiera escuchar en ese preciso momento. La ciudad amanecía y desde el verde primaveral de Villa Borghese, Marta saludaba toda esa inmensidad que tenía a sus pies. Hubiese deseado que ese instante perdurara durante siglos.

El olor a tierra mojada de la tormenta de mayo del día anterior, había dejado un aroma sutil pero tan intenso a la vez que incluso a esas horas, aún se percibía. A lo lejos, se veían calles ordenadas de la forma más caótica posible, pero que desprendían una melancolía inevitable. En la ciudad eterna, parece que el tiempo la atraviesa con mucha lentitud. Acumula claramente una especie de escepticismo de siglos en todos sus escenarios pero mantiene la luminosa viveza mediterránea. 
Marta siempre dice que allí, la Mamma del restaurante más escondido del Trastevere, al fondo a la izquierda de la calle principal, es la que te hace la mejor pasta en su punto y la pizza más estupenda del mundo; esas de las que disfrutas sobre un emblemático mantel a cuadros rojos y blanco con una tenue luz nocturna. 


A pesar del desorden desequilibrado y absurdo característico, sin duda, alguna vez, Marta me ha contado que en esa ciudad, los lugares e instantes mágicos, abundan; los encuentras sin buscarlos y francamente, me parece algo muy curioso, sorprendente y extraordinario. 



domingo, 25 de marzo de 2012

Agua, líquidos, y sus variados.

Una cerveza, fresquita, helada, puesta al punto de la forma más friki del mundo. Una tortilla de patatas y buena conversación. Bueno, vale, lo que se dice buena, no se si lo era, pero Marta me aseguró que temas de conversación de lo más raros, rebuscados y absurdos pueden llegar a ser de lo más curiosos. Me encanta cuando se crean situaciones irracionales, nunca sabes lo que puede ocurrir. Si vas a acabar jugando al parchís o bañada en un sinfín de sensaciones. Nada es previsible.

Cosas tan sencillas como ver la televisión hasta altas horas de la madrugada se puede convertir en toda una odisea y encontrar un buen programa que evite que entres en sueño ligero dirigido directamente a la fase REM, es bastante complicado.
Y reír, y reír y reír. Y conversar. Y charlar con cercanía ente amigos. De lo más amistoso para conseguir una velada distraída. Y seguir riendo. Y sonriendo. Y se te acaba el aire. Silencio.
Y de repente, empezar a sentir esa sensación tan extraordinaria, como cuando te tiras de cabeza a una piscina repleta de agua , llegas a lo más hondo y nadar hasta la superficie para recuperar el aliento. Sales pletórica, mojada pero colmada de energía. Rebosante. 

Y así, descubres que mantenerse despierto hasta las tantas e incluso intentar mantener a otros, hay ocasiones que no es tan complicado. Solo es necesario un poquito de motivación y ganas de pasarlo bien. Y líquidos. Cerveza, cocacola y esas cosas. Y sí. Si eso, otras cosas. Pero solo si eso.

miércoles, 25 de enero de 2012

Refunfuñando felicidad.

Una voz que refunfuña, una mirada que denota pasotismo y una sonrisa que ahogaría hasta al mas soso del universo se le acercan y le dicen sin mucha alegría que llore. Durante unos breves segundos no entiende exactamente a que se refiere hasta que oye la buena noticia y realmente se alegra. Porque Marta se emociona con todo. Incluso aunque una voz apagada y sin mucho brío dé la noticia que en el fondo, ella ya sabía.

Pero de repente, tras un café después de un medio abrazo de felicitación, Marta puede ver como la mirada cambia cual niño se tratara, una mañana de navidades con su trenecito nuevo bajo el árbol. La emoción y las ganas salen a destellos de los ojos que te cuentan, ahora sí, intrepidables hazañas y posibles historias que aún están por ocurrir. La sonrisa cada vez se va acentuando más en el rostro y las arrugas faciales expresan felicidad.

La sensación es clara, el sueño ansiado ha subido de nivel. Ahora solo queda la recta final. Y desde luego el resultado no variará la opinión de Marta. Sin ninguna duda, cualquier resultado será positivo; viviremos esta gran aventura.

domingo, 22 de enero de 2012

Hay ratos.

Hay ratos en los que Marta no sabe dónde meterse, ni qué decir, ni cómo explicarse, ni qué contestar. Hay ratos en que de la forma más inconsciente se encuentra por casualidad en un lugar que 5 minutos antes no tenía ni idea. Hay ratos en los que por no hablar y preguntar, se confunden las cosas. Y es que Marta siempre dice que los peores enfados vienen de los malentendidos más absurdos del mundo. 
Y oye su nombre, el cambio de voz, y ve la duda en el pensamiento del otro interlocutor. Se le nubla la mirada, se le entrecorta la voz y siente tristeza interior. Será que está en días previos al machaque mensual, será que el relax extremo le ha dejado en estado de mínimas defensas o simplemente será que le duele oír su nombre cuando antes oía un cariñoso apodo siendo prejuzgada sin ni siquiera ella saberlo.

Hay ratos en los que irremediablemente le viene a la cabeza y no puede dejar de preguntarse el estado de ánimo de cada instante, el sentimiento de soledad que quizás perdura durante horas, el divertimento qué más llena últimamente, el momento más feliz de la última semana, la conversación más trascendental que ha tenido o el último pensamiento antes de irse a la cama. Marta lo piensa, Marta se interesa y lo hace de verdad, siente que los amigos, los buenos amigos, los que guarda bajo llave y sobretodo los más importantes, deben estar bien y hará todo lo posible para ello. Incluso aunque parezca la cosa más absurda del mundo o la acción más inexplicable. 

Hay ratos  en los que un torcido de ceño, una respiración más pausada de lo habitual, una mirada más seria o un tono de voz más bajo hacen saber a Marta que algo extraño ocurre. Y es cuando al coger la cuerda y tirar y tirar se da cuenta que ese sentimiento inconsciente que le perturba interiormente desde ya hace unos 10 minutos y que ha hecho rasgar su voz y entorpecer su vista, no viene de la nada, sino que todo es producto de la sensación que le produce escuchar la voz de su interlocutor, que una vez más, ha dado por supuesto cosas que no son.

Y es que, una vez más, Marta ha aprendido que preguntar qué ocurre, no es tan complicado. Si todos hiciéramos lo mismo, las cosas serían más sencillas, los malentendidos no serían tan absurdos y Marta se ahorraría muchas lágrimas.

lunes, 16 de enero de 2012

Memeces y sandeces

Era día frío. De esos que te levantas por la mañana y te dan unas tremendas ganas de volver a bajar la persiana porque sientes que si pones la punta de tu dedo gordo en la alfombrilla que da la bienvenida a tu casa, acto seguido se te van a congelar cada una de las falanges medias, proximales y distales del pie. De esos días en que ni siquiera el espejo te ha dado los buenos días, porque de buenos, nada de nada. Hoy es lunes y lo odias a muerte. 

Tercer lunes del mes de enero. Lunes 16, vamos. Ese que dicen que es el peor día del año. Yo digo que puras pamplinas. A decir verdad, es un lunes como otro cualquiera, la cuesta de enero la sientes igual, el principio de semana es exactamente idéntico a todas las otras semanas y las vacaciones de navidad ya parecen demasiado lejanas y ya ansías unas nuevas.

Un lunes en que no está el horno para bollos. No estás para que te coman mucho la cabeza y menos para problemas que a tu parecer, son poco trascendentales. Para tus adentros haces que escuchas pero no, tú estás en otro mundo, surcando tierras lejanas. Como diría Marta, en la luna de Valencia. Pero de la Valencia lejana. Es lunes y tú quieres que sea ya final de semana y sólo son las 9 de la mañana. 

Y hoy, por cosas de la vida y del momento, se ve que no te has repetido varias veces lo guay y estupendo que siempre dice Marta que eres porque si no, en este instante no estarías en esta situación; Bajo de moral, las defensas pidiendo a gritos un bote de evacuación y creyendo que cuando llegue el momento clave, no serás capaz de hacer nada. Pero hacer qué; ¿tal cosa o tal otra? es lunes, ten en cuenta eso. Déjate de tonterías.

Sea lunes, martes o miércoles; llueva, diluvie, hiele, nieve o haga frío polar, tú serás tú. Así que no se te quite esa sensación, ni siquiera por un momento, de que en la batalla contra el mundo, el vencedor siempre serás tú. Aunque sea tercer lunes del mes y el sueño te invada con tus miedos. 
Y si eso, las sandeces y memeces para otro momento, vale?
Si eso.



jueves, 15 de diciembre de 2011

Los momentos insubstanciales.


Hoy no es domingo por la tarde, ni tampoco uno de esos días de fiesta en los que a tu pensamiento le da por volverse loco dando vueltas a tu vida. De todas formas hoy me gustaría hablar sobre todos aquellos que piensan acerca de #quéhacerconmivida, #trenesqueseescapan, #¿voyasercapaz? o #únicaoportunidad.

Mira, todos en algún momento hemos tenido la inmensa necesidad de vivir lo invivible, lo nunca imaginado y lo más loco que haya podido pasar por nuestra cabeza. Todos. No digáis que no. Y da la casualidad, que a muchos se les ha despertado ese deseo en un momento de esos que yo llamo "insubstanciales", de esos de los que he empezado hablando, los del domingo por la tarde en los que estás en tu sofá, frente a la tele, revisando tu correo y el perro sentado a tus pies. Ahí, por una extraña razón, tu mente estalla a mil revoluciones. 
Estudiaste lo que querías estudiar, tienes trabajo, tienes una vida cómoda, vives de la manera que quieres vivir y todo está más o menos adecuado a todo lo estandarizado y aún así sigues sin estar tranquilo. Y te da por mirar hacia atrás y repasar tu vida en pequeños fascículos como si de una colección del dominical se tratara. Te planteas si realmente has vivido cómo querías o si has vivido todo lo que querías y de la manera que querías. Y si no es así, ¿hasta cuándo puedes recuperar el tiempo perdido? Aunque siempre te haya gustado crecer, quizá ahora has visto que cumplir años no es cualquier cosa. Marta siempre dice que el tiempo nunca es perdido, que todo lo vivido es enriquecedor e interesante, que todo te enseña y te hace como eres ahora. No intentes recuperar nada cuando aún te queda muchísimo tiempo que disfrutar y perderte por la senda de este mundo aventurero.

Aventuras, sí. Dije aventuras. Eso es todo lo que necesitamos para mejorar, progresar y engrandecer el espíritu. Nunca es tarde, los trenes nunca se pierden, y si lo haces, ya cogerás el siguiente, no siempre hay una única oportunidad para realizar tus sueños. Estoy segura de que puede que haya personas que necesiten de un empujoncito que les ayude a lanzarse a una una piscina llena de aventuras, pero si por cualquier motivo no tienen ese empujón, a la larga, se entregarán a la aventura sin dudarlo. Seguro.

martes, 25 de octubre de 2011

Espacios y lenguaje corporal.

¿Sabéis esas personas que cruzan los brazos cada vez que se sientan a conversar con alguien? ¿Eso qué significa? ¿Comodidad, aislamiento, protección, abstracción? Es curioso. 

El lenguaje corporal es infinito y muchas veces las posiciones que adopta una persona al sentarse suelen describir bastante el estado del individuo. Mira que yo siempre trato de derribar barreras, de crear buenos vínculos y transmitir la confianza adecuada, pero últimamente parece que este arte que tan bien siempre ha dicho Marta que se me da, no está resultando. Ahora me da la sensación que tengo un gran STOP en la frente y que bloqueo el paso con solo mirar, que distraigo la concentración y demoro las palabras con el pestañeo. Vamos, que parece que el problema soy yo.

Y es que ya todos sabemos que las personas necesitamos un espacio para nosotros mismos, que estamos cargados de capas, de escudos, de silencios, intimidades y cosas nuestras, pero hombre, hagamos el favor de abrirnos un poquitín, solo un poquitín, que nunca viene mal. Dejémonos de distancias, STOPS absurdos y basémonos en lo fundamental, la buena conversación, el entendimiento, el compartir, el divertirse y el reír.

La próxima vez que oiga a Marta respirar cual suspiro y soltar un largo silencio sin decir ni una sola palabra, le haré cosquillas a ver si, al menos así, sonríe conmigo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Menos lobos, Caperucita.

Agua caliente, tomate con queso, pepinillos con especias florales, botella verde y olor a vinagre enmodenado. Cosas de freaks, retoques de fotos, edición de vídeos, análisis de textos, emoción en lecturas de RSS, blogs, Twitter y Photomatix. Y descubrir que el HDR es todo un arte y no sólo una alteración de la realidad que nos presenta imágenes de ensueño. 

Que hay conversaciones frente a frente, mirando o no a los ojos que no son tan complicadas acompañadas de una sonrisa, que no es tan difícil ponerse en el pellejo del otro, que todo es mucho más sencillo de lo que creemos y que hay cenas, cafés u horchatas que pueden saber igual que noches de locura y desenfreno. Que no todo es negro carbón ni todo es blanco nuclear. El gris también te hace disfrutar. Que para qué agobiarse si un no es un no y un sí es un sí. Las cosas claras y el chocolate espeso. Ésas son buenas tardes. Ésas y un buen sofá. Eso sí, que el sofá, sea blanco nuclear. 

Si es que la próxima vez que Marta me presuma, alardee y exagere de sus grandes tardes aventureras, le diré que todos tenemos tardes como las suyas. 


(( Escuchando: Hey Ho, Let's Go - Ramones))